Midnight ~Oneshot~ NR-16

Título: Midnight
Autoras: Dark Wonderland
Tipo: Oneshot
Calificado: NR -16 (No recomendado para menores de 16 años)
Género: Yaoi, algo de sobrenatural, romántico y muy tierno.
Advertencias: Lemon, Shouta.
Resumen: Los padres de Jimmy han salido a celebrar su aniversario de boda, y su hermano mayor se ha ido de juerga con sus amigos. Jimmy se encuentra sólo en su cuarto, durmiendo tranquilamente, cuando a las 12 de la noche un ruido en la ventana lo despierta sobresaltado…

Esta historia es ficción, todo parecido con la realidad es pura coincidencia. No amantes del yaoi, abstenerse de leer.

Midnight

La ventana se cerró de golpe, haciendo que el chico que se encontraba sentado en la cama de su habitación pegara un bote y mirara asustado hacia aquella dirección, debido al ruido que había provocado el cristal al desquebrajarse.

Hacía una noche muy mala para ser verano. Una tormenta eléctrica que se extendía hasta los campos a las afueras del pueblo.

Los relámpagos se oían cada vez más cerca, haciendo que incluso el suelo retumbara. Estos apenas iluminaban la habitación así que lo único que alcanzaba a ver eran pequeñas secuencias de lo que ocurría en ésta.

Con todo el valor que pudo reunir, se levantó y fue acercándose lentamente a la ventana. Con las piernas temblando y apenas con un hilo de voz dijo:

– ¿Quié-quién está ahí?

En lugar de oír el sonido de alguna voz, lo único que escuchó fue un trueno que resonó por toda la estancia, seguido del ruido de una de las ramas del árbol de enfrente al chocar contra el segundo cristal, todavía intacto, de la ventana.

– Seré idiota… Si sólo es el viento y los truenos, mira que asustarme de es…

– ¿Eres idiota? ¿Por qué eres idiota?

Escuchó que sonó una voz a su espalda, y en una décima de segundo, el chico ya se encontraba metido debajo de la cama.

Bajo la colcha apenas oía su respiración acelerada y los ruidos del exterior. No, no podía haber escuchado una voz. Su imaginación. ¡Si, eso! Había sido su imaginación. Siempre que se quedaba solo en casa le pasaba lo mismo. <> Se dijo.

– ¿Por qué te escondes? ¿Por qué no me contestas? – Repitió la voz en un tono grave, apenas en un susurro. – ¿Estás asustado, verdad?

– ¡Cállate! Sólo eres un producto de mi imaginación. – Gritó el chico, asustado, todavía sin atreverse a sacar la cabeza de debajo de las mantas. – Eso, sí, sólo estoy asustado por la tormenta y oigo cosas raras.

– ¿Cosas raras? ¿Yo soy una cosa rara? – Preguntó la voz de forma curiosa, sin entender muy bien lo que el chico quería decirle.

Jimmy se quedó durante unos minutos en silencio, sin atreverse a respirar, y de repente notó el colchón hundirse como si alguien se hubiera sentado en la cama.

Apenas notó esto soltó todo el aire retenido de una vez y volvió a contener la respiración. Vale. Aquello iba más lejos de su imaginación. Podía sentir a algo o alguien sentado cerca de sus piernas. Con cuidado las movió hasta sujetárselas contra el pecho con fuerza.

– ¿Quién eres? – Preguntó apenas con un hilo de voz.

– ¿Quién eres tú? – Le preguntó el chico de vuelta, soltando una suave risita. – Soy Dee. – Respondió con voz jovial, acercándose más al cuerpo del chico. – ¿Te doy miedo?

– Me da miedo lo que no conozco… y ¡a ti no te conozco! – Hubo un largo silencio, y después fue interrumpido por la voz cantarina de Dee.

– ¿Quieres jugar conmigo? – Jimmy en ese momento notó la mano del otro sobre su pierna, por encima de las mantas.

Soltó un pequeño grito  y empezó a moverla, muy nervioso.

– No quiero jugar…. Déjame. Simplemente estoy esperando a que vuelvan mis padres. – Cogió con sus manos la colcha y la apretó con fuerza. – No quiero jugar. – Repitió. – S-soy Jimmy. – Dijo, contrariándose.

El otro al oírlo divagar río suavemente.

– Hola, “Jimmy no quiero jugar” – Dee soltó otra risita, y le agarró la pierna al chico con ambas manos. – No seas tímido.

– No soy tímido, sólo tengo miedo. – Jimmy soltó un gritito por el agarre, y pegó una patada que el otro supo esquivar perfectamente, y le sujetó mejor la pierna.

– Pero yo no doy miedo, sólo quiero jugar. – De nuevo volvió a reír, y al chico se le erizaron los pelos del cuerpo.

– ¡S-si das miedo! – Gritó, dando otra patada al aire. Notaba sus manos sudar y su corazón palpitar rápidamente, además el calor bajo la colcha era agobiante, pero no quería quitársela.

El otro rió. – Jimmy tiene miedo, Jimmy tiene miedo. – Canturreó Dee, mientras metía la mano bajo la manta y sus dedos fríos y pálidos alcanzaron la piel cálida del otro.

– ¡¡Waaa!! Estás helado, ¡sí que eres un fantasma! – Gritó aterrorizado el chico, apartando de un empujón a Dee y cayendo de la cama de culo.

– No digas esas cosas, no soy un fantasma. – El otro volvió a sonreír y se tiró a la cama, quedando acostado boca abajo sobre esta, con la barbilla apoyada sobre las palmas de sus manos. Miraba a Jimmy detenidamente, como si nunca hubiera visto nada tan interesante. – Va, juega conmigo.

Jimmy se debatía entre sobarse el trasero a causa del dolor o  echar a Dee-quien-quiera-que-fuera de su cama, pero simplemente le observó fijamente como haciéndole ver que no se apabullaba – aunque por dentro temblaba como una hoja de papel – . El otro chico debía de tener su edad más o menos. Tenía la piel lechosa y el cabello blanco junto con un par de ojos caoba que le devolvían la mirada juguetonamente.

– Has-hasta que no me digas qué eres no jugaré contigo. – Dijo haciéndose el valiente mientras se levantaba y ponía sus manos sobre las caderas a modo de jarra sin darse cuenta de que se estaba comprometiendo.

– Pues soy lo que ves, un niño. – Dee volvió a reír, para desesperación de Jimmy. – Venga va, juega conmigo. – El chico pálido puso carita de apenado, rodando por la cama y volviendo a reír.

Jimmy bajó los brazos y lo observaba atentamente, mientras se debatía entre salir corriendo por la puerta o saltar por la ventana.

– Estás muy pálido… y muy frío… – El chico carraspeó, dándose ánimos y diciéndose mentalmente que tenía que ser valiente, puesto que esta vez no estaban sus padres para protegerlo. – No puedes ser humano… si no me dices lo que eres, no jugaré contigo.

– Ahhh, que poco gracioso eres. – Se quejó el otro, poniendo morros y volviendo a rodar hasta quedar más cerca de Jimmy. – Esta conversación se está volviendo aburrida. Juguemos y no preguntes. Anda~

Jimmy frunció el ceño imitando su gesto y lo miró de reojo. Definitivamente debía de haberse quedado dormido hace muchas horas y ese era el sueño más raro que estaba teniendo.

– Pero-pero… – Bufó dándose por vencido.

– ¿Vas a jugar conmigo? ¿Sí? ¡Bien! – El niño rodó de nuevo por la cama hasta bajar de ésta, plantándose enfrente de Jimmy de un salto. – Hace mucho tiempo que nadie juega conmigo.

El chico lo miró entre asustado e intrigado. Se separó un poco de Dee y lo observó de nuevo detenidamente. Definitivamente no parecía humano, estaba demasiado frío, y su piel era demasiado pálida incluso para un albino. Además, tenía un aire muy mortecino, y sus ojos tenían como leves motitas rojizas.

– ¿Nadie quiere jugar contigo? – Preguntó Jimmy con voz trémula, pero intentando que no se le notara demasiado el miedo. – Seguramente será porque les asustas apareciendo de esa manera en casas ajenas.

– Pero yo no doy miedo. ¿O si? – Preguntó curioso el chico mientras movía su cabeza en busca de respuesta en la cara de Jimmy. – Y, ésta es la única forma de entrar que sé…. ¿Hay más?

– Err… ¿Qué tal la puerta? – Respondió nervioso. – Es más fácil y menos peligroso. – Dijo girando la cabeza a los trozos de cristal esparcidos por el suelo, evadiendo descaradamente la primera pregunta.

– Ahh~ Pero las puertas son aburridas y son más duras. – Se movió hasta engancharse del brazo del otro, quedando más cerca. – Venga~ !Juguemos¡

El chico de pelo castaño pego un pequeño salto de sorpresa al notar como Dee le agarraba del brazo.

– En eso consisten las puertas, en que sean duras y eviten que la gente desconocida entre. – El chico suspiró y se pasó la mano por el cabello para apartárselo de la cara. – ¿Qué tal si la próxima vez tocas al timbre?

– ¿Timbre, eso que es? ¿Se puede jugar con eso? – El niño pálido le miró con curiosidad, sonriendo de pronto. – ¡Vamos, juguemos!

– Eh, pero…¡pero los timbres no son para jugar, Dee! Además, los vecinos se extrañarían si oyen mucho el timbre. – Susurró esto último para sí mismo.

Jimmy se mordió el labio y decidió entretener al otro con cualquier otra actividad. Lo cogió de la mano, sin poder evitar estremecerse, y lo arrastró fuera de la habitación.

– Podemos jugar a las cartas o algo así, pero con el timbre no. – Sentenció.

– ¿Las cartas? ¿Y eso qué es, cómo se juega? ¿Es divertido? – Preguntó divertido el pálido chico, agarrándose con entusiasmo de la mano de Jimmy mientras mecía ésta de atrás hacia delante.

– ¿Nunca has jugado a las cartas? – Jimmy le miró sorprendido, sin poder evitar poner expresión como si hubiera visto un extraterrestre. – Te enseño a jugar si me dices lo que eres.

– Jo~ Eso no vale~ Ya vuelves a ser aburrido. – Se quejó poniendo carita lastimera. – No soy nada malo, sólo quiero jugar. ¡Me aburro~!

Jimmy lo arrastró hasta el salón de la casa, y una vez allí le soltó la mano rápidamente.

– No es que sea aburrido, pero no suelo jugar con gente que no conozco ¡y menos si no sé que es! – Gruñó. Sin embargo se fue a buscar la baraja de cartas suspirando aunque sin poder evitar mirar al albino de reojo con el ceño fruncido.

– Jimmy~ No te enfades conmigo. Seré bueno y te diré lo que quieres saber si me das algo a cambio. – Propuso, sonriendo inocentemente.

– ¿Algo a cambio? – Jimmy le miró con sospecha mientras colocaba las cartas sobre la mesa. – No pienso darte mi vida… ni mi alma… – Tartamudeó nervioso.

– Pero yo no quiero nada de eso, es muy aburrido. Prefiero otras cosas. – Dee sonrió de oreja a oreja, sentándose en la mesa enfrente del chico, con las piernas sobre la silla. – Quiero-un-be-so. – Anunció graciosamente mientras levantaba un dedo.

El castaño lo observó mientras agrandaba los ojos y parpadeaba confuso. De entre todas las cosas que había pensado esa no había entrado en su lista. Bajó la cabeza mientras notaba sus mejillas arder de la vergüenza.

– Pero ¡somos dos chicos! Los chicos no se besan, mi hermano me lo ha dicho. – Dijo con apenas un hilo de voz mientras levantaba escasamente la cabeza para mirarlo.

– Ah~ Entonces tu hermano es aburrido. Los chicos si se besan y se siente muy bien. – Confesó hinchando el pecho con orgullo. – No tengas vergüenza: pruébalo.

– Pues a mí me han dicho que eso es de gays. – Protestó Jimmy, sonrojándose como un tomate.

– No seas tan aburrido. – Dee hinchó los carrillos y se apoyó en la mesa para acercarse más al otro chico. – Venga va, sólo un besito y te digo lo que soy.

Jimmy lo observó no muy convencido. – Pero… – Suspiró sonoramente. Bueno, un beso no iba a convertirlo en gay, ¿no? Además no debía de ser tan diferente de besar a una chica, aunque estaba el hecho de que nunca lo había hecho aunque si había visto a su hermano mayor hacerlo. – Vale.

Con reticencia se acercó al otro hasta posicionarse entre sus piernas, sin atreverse a acercarse más.

– No seas tímido~ – Dee lo tomó por la cintura y lo acercó más, sin perder la sonrisa. No podía estar más contento, pensó riendo infantilmente.

– ¡No soy tímido! – Gritó tímidamente el chico, sintiéndose descubierto. – ¿Cómo sabes que se siente bien? ¿Ya lo has probado?

– Claro. – Dee sonrió ampliamente, y acercó al otro todo cuanto pudo. – ¿Prefieres hacerlo con los ojos abiertos o cerrados?

Jimmy se encogió de hombros, notando que sus mejillas estaban totalmente coloradas.

– ¿Cómo te gusta más hacerlo a ti?

– Uhm. – Puso un dedo sobre su labio inferior mientras elegía que responder. – Pues, creo que con los ojos abiertos. Aunque con los ojos cerrados también se siente bien. – Respondió con entusiasmo.

– En-entonces con los ojos cerrados. – Dijo, al fin, sintiendo su barbilla temblar de los nervios. – Pero que no sea muy largo….

Dee asintió con entusiasmo aunque por dentro tenía ganas de contradecirlo y jugar ya que, un beso corto no tenía mucha gracia. Es más, sólo un beso era aburrido

– Vale, no muy largo. –

Dee rió divertido y sujetó al chico por la nuca, acercándolo mientras acariciaba los cabellos situados en esa zona con sus dedos. Lo atrajo con cuidado, observando divertido como el chico cerraba con fuerza los ojos mientras fruncía el ceño. Él los mantuvo abiertos, apoyando los labios con cuidado sobre los de Jimmy. Sacó la punta de la lengua, perfiló sus labios con suavidad y después intentó penetrar entre ellos.

El castaño se sobresaltó al sentir algo suave rozar sus labios pero pensó que sería normal así que confiando en el otro entreabrió un poco la boca, tímido.

Dee al verlo sonrió animadamente y sin más lo atrajo a sí agarrándolo de las caderas y dedicándole un beso suave. No quería asustarlo tan rápido.

Al poco se separó, observándolo detenidamente mientras el otro chico parpadeaba un par de veces antes de abrir los ojos por completo.

– ¿Qué tal? ¿Te ha gustado? – Preguntó Dee con sincera curiosidad, acariciándole la nuca.

– Es… raro… – Jimmy se sonrojó hasta las orejas, sin atreverse a levantar la vista y mirarle a los ojos. – Pero no era desagradable… Ahora tienes que decirme qué eres…

– Jo~ Pensaba que con el beso te olvidarías. – Dijo tomándolo de una de las manos y balanceando ambas. Esperaba poder hacer que se le pasase la vergüenza, porque personalmente se había quedado con ganas de más. – Pues… – Se puso un poco serio sin saber como explicarlo. – No soy un fantasma, y tampoco estoy muerto.

– Eso ya me lo aclaraste antes. – Protestó aunque sin soltar la mano. Ahora que se daba cuenta, no era tan difícil acostumbrarse al tacto de aquella piel, al menos era suave.

– Vale, vale~ Me has pillado. – Rió. – Soy un vampiro.

– ¡¿Un vampiro?! – Jimmy casi cayó de espaldas por su propio chillido. – ¿Un vampiro? – Respondió ya más tranquilo, pensando que si hubiera querido matarlo o chuparle la sangre ya lo habría hecho. – Yo creía que los vampiros no existían y eran un cuento. Como los hombres lobo, las brujas, o el monstruo de Frankenstein.

– Pues somos muy reales. – El pálido chico soltó una risita, divertido por la reacción de su “amigo” – ¿Te dan miedo los vampiros? ¿No te gustan? A mí me gustan los humanos, me gustaba ser uno cuando lo era, aunque no lo fui por mucho tiempo. – Volvió a reír.

Más calmado le correspondió la sonrisa a Dee. – No es que no me gusten, pero pensaba que los vampiros eran seres oscuros y malos. No me imaginaba que serían como tú. – Dijo.

– Es que yo soy el mejor. – Rió divertido. – ¿Seres oscuros y malos? – Volvió a reír sin poder evitarlo, echando la cabeza atrás.

– ¡No te rías de mi! – Jimmy se había sonrojado y como respuesta a su risa le pegó en el pecho.

– ¡Ay, ay! Vale, vale. Es que los vampiros son muy diferentes a como los humanos los imaginan.

– ¿No van por ahí hipnotizando a la gente y chupándole la sangre? – Preguntó con verdadera curiosidad el castaño, a lo cual Dee volvió a soltar otra carcajada. – ¡Qué no te rías de mí! – Volvió a pegarle en el pecho, pero esta vez con una sonrisa cómplice en los labios.

– No me río de ti, sólo del concepto equivocado que tenéis de nosotros. Es verdad que algunos son malos y chupan la sangre de las personas, pero esos son los casos más aislados. Normalmente solemos alimentarnos de la sangre de los animales, o les pedimos permiso a los humanos para chuparles un poquito de sangre. – El pálido chico sonrió, haciendo un gesto con dos dedos de la mano para indicarle que era poco.

– Vaya, entonces si que estamos muy equivocados… – Se sonrojó un poco, pasándose una mano por la nuca. – ¿Y tú has probado mucho la sangre humana? ¿Te gusta? – La curiosidad de podía. Y más ahora que tenía un poco más de confianza en el otro.

– Uhm, la verdad es que no muchas veces. Pero si me gusta su sabor. – Admitió con una pequeña sonrisa. – Aunque puedo vivir sin ella perfectamente, ya te lo he dicho.

– Oh~ ¿Puedo hacerte una pregunta?

– Ya lo estás haciendo. – Contestó maliciosamente, rompiendo a carcajadas. Le gustaba sacar de quicio a aquel humano.

– Ya sabes a lo que me refiero. – Gruñó hinchando los carrillos y volviéndole a pegar en el pecho. – ¿Cómo te convertiste en vampiro? ¿Cómo era tu vida antes?

– Casi no recuerdo mucho de mi vida anterior, fue hace mucho tiempo. – Dee cambió su expresión por una más sombría, mientras se sumergía en los recuerdos de aquellos tiempos. – Como ya te habrás dado cuenta, era todavía muy joven cuando me ocurrió.

– Vaya… Lo siento… – No sabía por qué, pero Jimmy sintió la necesidad de disculparse. – ¿Te dolió mucho?

– Casi no lo recuerdo, pero creo que no. – Sonrió suavemente mientras se llevaba una mano al lado izquierdo del cuello y se lo comenzaba a frotar. – Pasó todo muy rápido, pero se sintió bien….sobre todo ahí abajo. – Dijo juguetonamente señalando su entrepierna.

Jimmy se sonrojó sin apartar la vista de donde Dee le señalaba. – Yo creía que siempre dolía.

– Pues, es una sensación rara. Mezcla de dolor y placer. – Dee sonrió, pinchándose una mejilla con uno de sus dedos. – Pero al final sólo sientes un placer muy grande, como si sintieras un orgasmo muy intenso y después te corres.

– ¡No digas esas cosas! – Gritó el chico, rojo hasta las orejas, apartando después la vista de golpe. – Todavía no he hecho nada de eso… así que no sé como se siente. – Agachó tanto la cabeza por la vergüenza, que en cualquier momento se confundiría con el suelo.

– Pero si has sido tú quien ha preguntado. – Dee no pudo evitar reírse de nuevo. – No te enfades. – Levantó una mano y con la yema de los dedos le acarició la mejilla. – Cuando llegue el momento descubrirás lo que se siente…

– ¡Bueno! Pero de momento no quiero pensar en hacer esas cosas con chicas. – Exclamó poniendo cara de asco y de agonía de solo imaginarlo.

– No quieres hacerlo con una chica, ¿eso significa que quieres hacerlo con un chico? – Dee empezó a reír, y Jimmy le pegó un puñetazo en el pecho, totalmente colorado.

– No te rías de mí. Ser un vampiro no te da derecho a burlarte.

– Pero es que me pareces muy gracioso. – El pálido chico se acercó y le sujetó una mano, acariciándosela. – Además me caes muy bien.

– Oye… – Ante aquello, el castaño no pudo evitar sonrojarse de nuevo. <<¡Ya parezco un semáforo, con tanto color!>> Y agachó la mirada antes de continuar. – ¿Las personas se mueren… si les chupas la sangre? ¿O sólo si las quieres matar?

Siguió acariciándole la mano con una pequeña sonrisa. Aquel chico le estaba empezando a gustar. Era muy mono. – Pues si realmente matar a la persona es lo que queremos, si. Pero como te he dicho antes, eso son casos aislados. En nuestro grupo, si alguna vez bebemos de un humano, procuramos beber lo indispensable y ya está. No queremos que mueran.

– Oh. Eso-eso está bien. – Dijo aún con la vista baja. – Entonces, ¿los vampiros vivís en grupos? ¿Cuántos hay en el tuyo? – Sentía estar haciendo tantas preguntas, pero nunca ese tema le había parecido tan interesante.

– Pues… ahora mismo estoy yo solo… Pasaron algunas cosas. Algunos murieron, y otros tuvimos que separarnos. – Dee cambió su expresión por una de pena, y se acercó más al chico, buscando su calor. – Esos malditos cazadores…

– ¿Cazadores? – Preguntó Jimmy con curiosidad, dejando que el otro se acercara, sin apartarse.

– Un grupo de perturbados que piensa que porque uno de nosotros sea malo, el resto tenemos que serlo. – Hinchó los carrillos. – Por esa regla de tres, todos los humanos deberían ser malvados.

Jimmy escuchó con atención, sintiéndose apenado de que se encontrase solo. Levantó una mano y la llevó a la espalda del otro mientras comenzaba a hacer círculos con ésta. Eso siempre le funcionaba a él. – Eso es verdad. Pero los humanos siempre tendemos a generalizar…. – Frunció el ceño molesto consigo mismo sólo por ser humano. – Y…dime, ¿dónde vives ahora?

No sabía si seguir preguntando, porque sentía que siempre elegía las preguntas menos oportunas, pero su curiosidad era mayor a mantenerse callado.

– Si quieres, tú también puedes preguntarme cosas. – Añadió rápidamente sintiendo el calor en sus mejillas.

– Jejeje, no me molesta que me preguntes tanto. Ahora mismo vivo en una cueva a las afueras del pueblo, en el bosque. – Señaló por la ventana hacia el final del pueblo, donde podía apreciarse el comienzo del bosque. – Pero ya que insistes, te haré alguna. Mmmm… ¿Ahora te doy miedo? ¿Te gustaría darme otro besito? – Dee sonrió graciosamente, y dejó caer su cabeza sobre el hombro de Jimmy.

– ¡Tonto! Yo…Eso no se pregunta. – Sentía sus mejillas arder y frunció el ceño sintiéndose él el tonto mas no apartó al otro de sí. En cierto modo se sentía bien. – Ya no me das miedo, es más, me caes bien. Mejor que los chicos que viven en este pueblo… Y, dime, ¿no te sientes solo allí? Tiene que estar muy oscuro. – Observó hacia donde el otro le señalaba. – A mi me daría miedo. – Se acercó al rostro de Dee rápidamente y le besó la mejilla, contrariándose.

Dee sonrió, girándose a devolverle el beso en el mismo sitio, para no asustarlo. Le había hecho gracia su gesto y su sonrojo, le parecía monísimo.

– Ya me he acostumbrado a la oscuridad, y no es tan malo. – El chico apoyó de nuevo la cabeza sobre el hombro de Jimmy y se lo besó suavemente. – Pero sí que me siento solo a veces, por eso he venido. – Sonrió cálidamente. – La verdad es que te observaba desde hace tiempo.

Bajó el rostro y lo observó curioso. – ¿Me observabas? Pero si no soy interesante, y no tengo nada de especial. – Dijo. – Aún así me alegra que hayas venido. – Sonrió tímidamente sin poderse creer que estuviese diciendo todo aquello. – Cuando te sientas solo puedes venir cuantas veces quieras. – Añadió rápidamente. Miró hacia otro lado sintiéndose demasiado tonto. – Pero, eso si, no rompas más ventanas.

– De acuerdo. La próxima vez jugaré con el timbre para que salgas a reñirme. – Dee soltó una risita y rodeó el brazo del chico con los suyos. – ¿De verdad que puedo venir siempre que me encuentre solo? Pues no te vas a despegar de mí. – Soltó una risita, y de repente se irguió, abrazando a Jimmy con fuerza. – Gracias, eres muy bueno. Y… te observaba porque me parecías muy mono, y muy simpático. Y sólo podré visitarte cuando empiece a anochecer.

– ¡Tonto! – Exclamó soltando una carcajada sin poder evitarlo pegándole suavemente en el pecho. – Lo digo enserio, y me da igual tener que esperarte despierto. Aunque si me quedo dormido, no me asustes. – Rió. – Si llego a estar hoy dormido, creo que me hubiese asustado más aún. Y, gracias por tomarte interés en mí. Aunque los chicos no son monos. – Dijo con vehemencia, aunque sonrojándose igual. – Dice mi hermano que eso sólo lo dicen los maricas.

– Pues sí sólo lo dicen los gays, será que lo soy. – Dee sonrió, frotándose el pecho con una mano. – Como cada vez que te avergüences me pegues, me voy a quedar sin costillas. – Bromeó, pegándole una nalgada. – Ala, eso en venganza. Y además sí que eres mono, y tu hermano tonto.

Hinchó los carrillos y volvió a pegarle en las costillas. – Mi trasero no te ha hecho nada. – Hizo un puchero. – Igual lo siento, no sabía que te pegaba fuerte. – Jimmy posó una de sus manos sobre la de Dee, frotándole la misma zona del pecho. – Pues, si lo eres me da igual. Me caes bien. Además me gusta tu pelo y tus ojos. – Dijo a la vez que paseaba los dedos de su otra mano por el cabello blanquecino. – Y, ¿cómo sabes que Jack es tonto?

– Era broma, no me hacías daño. Sólo era una excusa para que me sobaras. – Dee le sacó la lengua graciosamente, acariciándole después la mano. – Anda, si al final va a resultar que sí soy gay. – Soltó una pequeña carcajada y después miró fijamente a Jimmy, como si fuera a contarle un secreto. – Y tu hermano es tonto porque seguro que es un gay de esos reprimidos que salen con una tía sólo para parecer más macho.

Esta vez le pegó en el hombro e hinchó los carrillos. – Tonto, no me engañes. – Justo con lo que había dicho Dee se acababa de percatar que llevaban todo el rato pegados el uno al otro y no se había dado ni cuenta. Y lo mejor, es que no le desagradaba. – Y no me importa que seas gay. – Con un dedo le empujó la frente hacia atrás para ocultar su sonrojo. – Quizás tienes razón. – Rió. – Tendré que observarlo. Siempre dice el nombre de su mejor amigo en sueños.

– Es bueno saber que no te importa que sea gay. – Dee le sacó graciosamente la lengua, soltando una risita. – Jejejeje, seguro que será divertido espiar a tu hermano por las noches. Seguro que “su mejor amigo” es más que eso. – Volvió a reír, y se tumbó contra el cuerpo del chico. – ¿Me das otro besito?

– ¡Ah! Quita, quita. – Empezó a pegarle suavemente con las manos en el pecho. – No quiero, me da vergüenza. – Susurró. Acompañando a estas palabras bajó el rostro sintiéndolo arder. – Hoy no está en casa, pero mañana podemos espiar. – Una sonrisa ladeada se formó en su rostro. Le gustaba la idea.

– Pues si te da vergüenza, lo hago yo. – El albino le sacó la lengua graciosamente, y le besó la mejilla, desviándose después hacia sus labios. El roce fue bastante suave y corto, pero lo suficiente para notar como las mejillas de Jimmy volvían a adquirir ese tono encarnado que tanto adoraba ver. – ¿Te ha gustado?

Murmuró algo que incluso él mismo no llegó a escuchar a causa de los nervios. – Perdón. – Se aclaró la garganta y aclaró. – No lo sé. Se siente raro pero bien. – Comenzó a jugar con los dedos de la mano del otro. – Quizás si vuelves a probar…

No creía haber sido capaz de decir lo acababa de salir de su boca, así que por vergüenza bajó el rostro.

– Tendré que volver a probar entonces a ver. – Dee sonrió pícaramente, acercando sus labios a los del chico. – ¿Cierras los ojos? – El chico asintió tímidamente, cerrándolos. Dee sonrió encantado y enternecido por la inocencia de Jimmy, y suavemente y con cuidado de no asustarlo, se acercó al otro. Al ver que el chico fruncía un poco el ceño pero no se retiraba, intentó profundizar un poco son su lengua.

Jimmy abrió apenas la boca para dejarle paso. Se sentía intrigado por todas las sensaciones que sentía desde calor, a nervios o vergüenza. Pero le gustaba. Dándose valor se animó a responderlo, sorbiendo el labio inferior de Dee – como lo había visto hacer a su hermano. –

Tímidamente subió sus manos por la espalda hasta juntarlas y formar un pequeño abrazo, no muy estrecho.

Dee sintió la excitación recorrer todo su cuerpo al notar las tímidas manos de Jimmy aferrarse a su espalda. Animado al comprobar que el chico no se apartaba, si no que al contrario, se aferraba a él, pasó tímidamente la mano por su espalda, hasta llegar al principio de las nalgas.

Jimmy abrió lo ojos sorprendido, pegando un pequeño bote pero sin apartarse. Tan rápido como los abrió los cerró, muy avergonzado al haber visto al albino mirándolo fijamente. Su mirada lo ponía nervioso y no sabía por qué.

Un pequeño gemido resonó por su garganta y acabó sofocado en la boca de ambos mientras el castaño no consciente de ello, se animaba y comenzaba a devolverle en beso con más ímpetu.

Dee le devolvió el beso con el mismo ímpetu, y deslizó sus manos por las nalgas de Jimmy, apretándolas fuertemente durante unos segundos antes de soltarlas. Se apartó poco a poco tras morderle por última vez el labio inferior, y respiró profundamente. Ya había conseguido más de lo que esperaba, y no quería asustarlo y que se alejara.

-¿Qué tal ahora? ¿Te ha gustado?

Abrió los ojos y lo miró directamente a los ojos, aún jadeando. Jimmy dejó que sus brazos cayesen a cada costado de su cuerpo sin apartarse del otro.

– No sé. Quizás. Puede ser. – Susurró de manera cómplice en un tono juguetón mientras se formaba una pequeña sonrisa en sus labios.

– ¿Quizás? Entonces tal vez haya que volver a repetirlo para asegurarse, ¿no? – Dee sonrió pícaramente, y volvió a agarrarle las nalgas, apretándolas. – ¿Me besas esta vez tú?

El castaño se dejó arrastrar hasta estar otra vez pegado al albino. Lo miró por sobre el flequillo sintiendo sus mejillas arder, mientras se mordía el labio inferior intentando darse ánimos. Si hasta ahora le había gustado lo que estaban haciendo, y más o menos había sabido que hacer, no había de qué estar nervioso.

– Supongo que si. – Se acercó y unió sus labios, moviendo su boca sobre la del otro de forma ansiosa pero algo torpe.

El albino le respondió con la misma ferocidad, sujetándolo de las nalgas y subiéndolo sobre su cuerpo, haciendo que ambas erecciones se frotaran bajo la ropa.

– Lo haces muy bien. – Logró decirle entre jadeos, cuando se hubieron separado.

Jimmy respiró agitado sobre los labios del otro mientras intentaba recuperar el aire y luchar contra la vergüenza. – Uhm, ¿debo tomármelo como un cumplido? – Le sacó la lengua, moviendo las piernas por lo incómodo que se sentía en cierta zona.

– Si no, no te diría que lo haces bien. – El chico le sacó la lengua graciosamente, y le mordisqueó el labio inferior. Al ver los movimientos que hacía el chico, le agarró con más fuerza de las nalgas, acercándolo. – ¿Te molesta algo?

– Uhm, si, pe-pero se me pasará. Siempre lo hace. – Jadeó. La cercanía con el albino lo ponía más nervioso y deseoso de algo que no sabía que era. Apoyó su frente contra el hombro de Dee soltando otro jadeo allí cuando sus miembros se rozaron de nuevo sin querer.

– Jimmy, tus gemidos son muy eróticos – Dee le hizo girar la cara y lo acercó para besarlo de nuevo, llevando una de sus manos hasta la entrepierna del chico, acariciándola por encima del pantalón. – No tienes por qué aguantarte, puedo aliviarte si quieres.

– Pe-pero Jack dice que eso es de viciosos y que no tengo edad para eso. – Se mordió el labio inferior y se aguantó otro gemido. Con un deseo repentino se abalanzó contra los labios del otro, e hizo que la presión de la mano sobre su sexo aumentase.

– Tu hermano… definitivamente… es tonto… – Logró articular el albino entre beso y beso, respirando cada vez con mayor dificultad. – ¿Y para qué le dices a tu hermano que tienes erecciones? Seguro que el guarro se la menea pensando en su “mejor amigo”. – Sonrió con malicia, apretando su sexo ahora ya sobre la ropa interior.

Sin poder evitarlo se empezó a reír sin parar aún cuando lo continuaba besando. – No se lo digo, siempre me pilla o lo sabe. – Una de sus manos siguió a la del albino, mientras la otra se posaba tímidamente sobre el sexo del otro.

– Pues entonces tu hermano te espía. Y se pone cachondo mirándote, no tiene otra explicación. – El albino soltó una leve risita, seguida de un suave gemido al notar la mano del otro sobre su zona más sensible. – Si seguimos así…

Escondió el rostro en el cuello del otro riéndose sin poder evitarlo. – Espero que no… Porque en todo caso yo le espío a él. – Susurró entre risitas sonrojándose un poco. Luego se separó escasamente para mirarlo confundido. – ¿Qué pasa? ¿Por qué dices eso? – Preguntó inocentemente mientras seguía masajeando el sexo de Dee. Se sentía extraño tocar el pene de otro que no fuese el suyo, pero le estaba gustando la sensación.

– Pues que si seguimos… – Dee tanteó con una mano la cinturilla del pantalón, apartando la ropa interior y rozando su sexo directamente. – No sé si pueda gustarte lo que pueda hacerte. – El albino jadeó con fuerza por los movimientos del otro sobre su sexo, acercándose al chico para besarlo de nuevo.

El jadeo que escapó de entre sus labios quedó sofocado contra los del albino a la vez estos se movían inconscientemente siguiendo los movimientos del otro. Su mano se quedó congelada sobre el semi endurecido miembro del otro a causa de la sorpresa. La sensación de los gélidos dedos contra su piel era muy abrumadora. Nunca nadie, excepto él mismo, le había tocado ahí.

– Pe-pero esto si se siente bien… – Contestó confundido y jadeando cuando se apartó.

– Sí, esto se siente muy bien. – Afirmó Dee, lamiendo sus labios mientras apretaba levemente el miembro del pequeño con sus fríos dedos. – Pero puede que hacer el amor no sea tan agradable para ti.

Jimmy se mordió el labio inferior y entrecerró los ojos echando levemente la cabeza hacia atrás. – ¿Ha-hacer el amor? – Preguntó algo asustado. – Pero…Pero… eso sólo lo hacen los mayores. – Susurró. Aunque sabía que muchos de su edad ya lo habrían hecho.

Sus dedos retomaron la tarea de acariciar el sexo del otro, imitándolo y dejando que estos traspasasen la tela de la ropa interior. – Está frío también… – Susurró sorprendido.

– ¿Te desagrada? – El albino jadeó al notar la mano del castaño directamente sobre su miembro. – Que esté frío, me refiero… – Cerró los ojos, suspirando. – Por eso dije que te ibas a asustar…

– N-no… – Jadeó apoyando la frente contra el hombro de Dee. – En realidad me gusta… Es diferente. – La mano se cerró fuertemente alrededor de la base, comenzando a ascender y descender lentamente. Más bien por costumbre que por otra cosa. – Quizás…quizás cuando pase un tiempo si que podremos hacer más cosas de mayores. – Susurró sin atreverse a mirarlo, totalmente sonrojado. No quería que Dee se pusiese triste.

– Esperaremos el tiempo que quieras… No es como que tenga prisa… – El albino sonrió, entrecerrando los ojos. Masajeó una vez más el miembro del otro y lo sujetó fuertemente por la base.

El castaño elevó uno de sus brazos y se aferró al cuello de Dee para luego alcanzar sus labios y apresarlos con emoción mal contenida. – Gracias. – Gimió contra estos. Con la otra mano continuó masajeándole mientras sentía sus rodillas algo temblorosas.

– ¿Quieres que nos sentemos en la cama? – Dee gimió suavemente, besándolo de nuevo. – Estás calentito… me encanta… – Inclinó la cabeza hacia delante, apoyando la frente sobre el hombro del chico. Olisqueó el aroma que emanaba de éste y se frotó contra su pecho, reconfortándose con su calor.

Un pequeño torrente de calor pasó en su estómago provocándole un poco de cosquillas. Quizás era que Dee le provocaba ternura o… algo más. Sintiendo las mejillas arder se aferró más fuerte al otro asintiendo muy levemente. – Pe-pero mi cama está lejos. Mejor el sofá. – Susurró.

– Vale, el sofá está bien… – El albino separó la cabeza del pecho del otro, mirándole y sonriéndole con ternura. Le cogió de la mano y lo guió hasta el mencionado mueble, tomando asiento y haciendo que el pequeño se sentara sobre sus piernas. Lo rodeó por la cintura y lo arrastró con él hacia atrás, haciendo que se apoyara contra su cuerpo. – Qué gustito…

– Claro, me usas de manta. – Se separó un poco de él con una pequeña sonrisa para sacarle la lengua. – Aprovechado. – Dijo en tono de broma. Luego volvió a la misma posición, cerrando los ojos y escondiendo su cara en el hueco del cuello de Dee. – ¿Falta mucho para que te vayas? – Preguntó tímidamente, guiando su mano hasta donde había estado momentos antes: sobre el sexo del albino.

– Tendré que irme una hora antes del amanecer… Ah… – Dee soltó un suave jadeo al volver al sentir el cálido tacto de la mano del otro contra su miembro. Desvió una de las manos con las que rodeaba al castaño hacia la entrepierna del mismo. – Veo que te gusta. – Sonrió, lamiendo el cuello del pequeño.

Jadeó y sin proponérselo ladeó el cuello. – Bu-bueno, me dijiste que no tenía que aguantarme. – Susurró con una leve sonrisa ladeada. – Yo tendré que irme a dormir dentro de poco. Al menos a fingir que lo estoy. – Rió. Bombeó el miembro del albino con una mano mientras con la otra se apartaba el flequillo pegado a su frente por el sudor.

– Mmmm… Y dices que me espere… – Jadeó el albino, sujetando de nuevo el miembro del menor por debajo de la ropa, moviéndolo. – Si haces estas cosas… – Soltó un gemido y cerró durante unos segundos los ojos. El castaño había rozado una de sus uñas con su glande y lo había hecho estremecerse.

– Pe-pero…ah…Pero esto no es nada malo, ¿no? Tú lo has dicho, ¿verdad? – Murmuró en voz baja, intentando contener los jadeos y los escalofríos que recorrían su cuerpo. Separó un poco la cara de cuello del otro para esperar su respuesta pero al verlo con aquella expresión no pudo resistirse a besar superficialmente sus labios.

– Pero estoy yo… intentando controlarme… y me haces estas cosas y me pones esas caras… – El vampiro le sujeto con la mano libre le nuca, devolviéndole el beso apasionadamente. – Estás precioso cuando te excitas…

Agachó la cabeza, intentando esconder su sonrojo. Le daba vergüenza cualquier tema referente al sexo, y más aún cuando el otro le hablaba así. – Yo-yo sólo quería sentir tus manos un poco más. – Jadeó contra el pecho de Dee. – Pero si es algo tan malo, paro… – Dijo mordiéndose el labio inferior.

– Si paras ahora, te muerdo. – Dee soltó un gemido, seguido de una risita. – Es broma… mmm… no quiero que pares… – El albino siguió masturbando al menor, esta vez de forma más acelerada.

Jimmy se apretó con fuerza contra el pecho de Dee, intentando silenciar sus gemidos. – No seas malo…¡ah! – Se mordió con fuerza el labio inferior, apretando al mismo tiempo los dedos de sus pies al sentir un cosquilleo en su bajo vientre. Cerró los ojos y se concentró en seguir la misma velocidad que el albino sobre el miembro de éste.

– Mmm… así… – Dee suspiró pesadamente, notando su miembro apretado contra la mano del chico de lo hinchado que lo tenía. – ¿Estás seguro… que no me dejas que te muerda…? – Estaba apunto de correrse, y su mirada hacia Jimmy era como la de un depredador hacia su presa.

Jimmy negó enérgicamente con la cabeza mientras soltaba varios jadeos sin detener su mano. Apretó más los dedos de sus pies, sin poder evitarlo, sintiéndose cada vez más ansioso y a la vez cansado. – N-no… ¿Duele? – Preguntó contradiciéndose.

– Muchos dicen que se siente como el orgasmo más fuerte que jamás hayan experimentado… – Dee se relamió los labios, dejando escapar un fuerte gemido. Detuvo la mano con la que Jimmy le masturbaba, sujetando su muñeca. – Estoy apunto de correrme… déjame que te muerda…

– Pero..Pero… – Se calló sin saber que decir, simplemente sintiéndose demasiado abrumado con tanta sensación nueva. Elevó la vista para mirar a Dee a los ojos. – Bueno, si dices que se siente bien, no debe de doler. – Accedió sintiendo sus mejillas arder. Se acercó al albino y besó castamente sus labios para luego apartarse y ladear un poco su cuello.

– Delicioso… – Susurró el vampiro en el cuello del chico, excitado por su sonrojo y la inocencia que desprendía. Primero lamió a conciencia la zona del cuello que ascendía desde el hombro hasta el lóbulo de la oreja, mordisqueándole de vez en cuando alguna sección de piel, para acabar hincando sus afilados colmillos, bombeando de nuevo con rapidez el miembro de Jimmy.

El castaño se agarró con una mano a la espalda del otro, sin poder evitar hincar las uñas en el proceso. Sentía la zona que Dee mordía arder, pero pronto esa sensación trajo otra, una más adictiva y abrumadora. Se mordió el labio intentando contener un largo jadeo al que le siguió un ronco gemido. Como pudo siguió masturbando al albino sintiendo el cosquilleo en su bajo vientre aumentar.

Dee siguió chupando la sangre del castaño, muy lentamente, intentando controlarse para no hacerle daño ni desangrarlo, pero ya empezaba a embargarle la sensación de embriaguez y éxtasis que siempre le provocaba. Soltó un prolongado gemido, sintiendo como la mano del chico se manchaba con su semen al no poder aguantar más. Cerró los ojos, dejándose llevar por el éxtasis y sujetando a Jimmy con su mano libre para pegarlo más a su cuerpo, sin dejar ni un sólo momento de masturbarle.

Apenas sintió el semen de Dee manchar su mano, ni cuando el suyo manchó la del otro. Sentía una nube densa de sensaciones nublarlo por completo, a la vez que se sentía mareado. Con un pequeño grito acabó colapsando contra el albino, respirando de manera acelerada.

– De-definitivamente se ha sentido bien. – Jadeó, mientras sonreía cansadamente.

– Sí… ha sido fantástico… – El albino lamió los dos hilillos de sangre que descendían por su cuello después de haberse separado de él, y los curó con mucho cariño. Sonrió y le besó suavemente los labios.

Jimmy se estremeció al sentir el tacto de la lengua. Cuando el otro se separó, le sonrió tímidamente. – Si, pero ahora tengo sueño. – Susurró, acomodándose en el pecho de Dee.

– Descansa. Me quedaré aquí haciéndote compañía hasta que tenga que irme. – El vampiro le apartó el cabello de la frente y se la besó con suavidad. – Me gustas mucho, Jimmy.

– Mmmm….Gracias. – Acomodó la cabeza en el hombro de Dee, bostezando. – Tú también me gustas, aunque seas gay. – Rió y antes de cerrar los ojos besó el cuello del albino.

– Tú también eres gay… -Susurró el albino en su oído, y se echó a reír.

-FIN-

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