Liar ~Oneshot~ NR-18

Título: Liar
Autoras: Dark Wonderland
Tipo: Oneshot
Calificado: NR -18 (No recomendado para menores de 18 años)
Género: Yaoi, drama, algo de violencia, romántico y tierno.
Advertencias: Lemon.
Resumen: Jack y Aaron siempre han sido los mejores amigos, pero que pasa cuando Aaron decide confesarle una cosa que hará que se peleen para siempre… ¿o no?

Oneshot continuación de Midnight. Aunque puede ser leído independientemente de este.
Esta historia es ficción, todo parecido con la realidad es pura coincidencia. No amantes del yaoi, abstenerse de leer.

Liar
por Dark Wonderland

Era verano. Los pájaros cantaban, el cielo estaba despejado, hacía un calor horroroso, y él se encontraba tirado en el suelo de su piso, tan sólo con los calzoncillos y el aire acondicionado a tope.

Aaron se giró y suspiró resignado, y para qué negarlo… abatido. Desde aquel fatídico día, su amistad con Jack se había ido al garete, y todo porque había decidido confesarle, ni más ni menos, su tendencia sexual.

– Soy un marica de mierda. – Volvió a tumbarse boca arriba, observando las líneas del techo y siguiéndolas con la mirada. Al cabo de unos minutos se incorporó y se vistió, decidido a dar una vuelta y comprar helado en el supermercado de la esquina.

*

Jack se despertó tarde y con resaca. La noche anterior había estado en una de las tantas fiestas a la que le invitaban. Se había comportado y había hecho lo que se esperaba de él.

Bostezando se levantó y apartó de una patada las sábanas. Se puso sus vaqueros favoritos y bajó las escaleras hacia la cocina rascándose la nuca de manera despreocupada. Allí estaba su madre y su hermano pequeño. La primera lavando los platos de la pila, y el segundo llenando una pequeña mochila de chucherías, comida y algún que otro juego.

– Buenos días.

– Si. Lo serían si hubieses hecho tus tareas y no tuviese que estar haciéndolas yo. Tengo muchísimo trabajo, lo sabes, y aún así… – Se quejó su madre.

– Pero… – Dirigió la mirada hacia su hermano que cerraba tranquilamente su mochila.

– Nada. Ahora mismo vas a ir a comprar todo lo que necesitaré para la cena familiar de esta noche. – Gruñó. Después de sacó los guantes, y le tendió dinero para después desaparecer de la cocina.

– ¡Tú, enano! ¿No se supone que te pago para que limpies los platos? – Se sentó en una silla, tomando el dinero y la nota, posando su mirada irritada sobre su hermano.

– Ya no me interesa. – Dijo, feliz. – Tengo un amigo, y prefiero pasar el tiempo con él.

Y tras eso, desapareció también de la cocina, dejándolo sólo.

Enfadado se revolvió el pelo castaño, maldiciendo por lo bajo. Genial. Menuda manera de pasar la resaca.

* * *

Salió de su casa y metió una de las manos en el bolsillo del desgastado pantalón vaquero, después de ajustarse las gafas de sol. Con la otra sacó su móvil y decidió mandarle un sms a su novia de turno. Si no se enfadaban. Siempre se enfadaban. Las chicas eran tan complicadas… Sobre todo cuando él prefería a otras personas. Bueno, tal vez a una persona en concreto. Pero nunca lo admitiría.

– A la mierda. – Entró en una heladería. Después de comerse un helado iría a comprar, de momento prefería desayunar. Aunque fuera la 1.

*

Aaron revisó la nevera de los helados, decidiendo cual comprar. Al final se decantó por uno de strawberry cheesecake que tenía un aspecto delicioso, y una cajita de helados de vainilla recubiertos de chocolate.

– Y ahora sólo me queda comprar algo para la cena. – Se giró para dirigirse a la sección de carne envasada y chocó contra alguien, tirándole lo que llevaba en las manos. – Lo siento mucho, no me fijé. – Recogió las cosas del suelo para devolverlas a su dueño, y al levantar la cabeza se quedó helado.

El castaño se apoyó en el congelador para evitar caerse. – No pasa nada. Yo tampoco miraba por…. – Se quedó sin habla al ver de quien se trataba, y sin ni siquiera terminar de disculparse, tomó bruscamente las cosas y las metió en su cesta. – A ver si miras por donde vas, marica.

Le hubiese gustado pegarse contra la pared más cercana al escuchar su propio tono de voz. Más tarde se arrepentiría al recordar cómo actuaba con su ex amigo, pero no podía evitarlo. O mejor dicho, prefería escudarse con esa actitud.

– Vale, perdona. No hacía falta ponerse tan borde. – El rubio recogió su cesta con el ceño fruncido. No sabía si echarse a reír o a llorar. ¿Cómo había podido degenerar tanto su amistad hasta convertirse en aquello. – Seré marica, pero al menos no soy un falso de mierda. – Sin decir nada más, le dio la espalda y se dirigió hacia la sección de carne.

Jack lo siguió sintiendo la sangre arder. Al pasar por su lado le pegó con el hombro, para luego ponerse frente a él y empujarlo con la mano libre. – ¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¿Me acusas de ser tan repulsivo como tú y todos tus amigos maricones? – Le cuestionó, después se colocó estratégicamente para impedirle el paso, acercándose adrede a él para imponerse gracias a los pocos centímetros que le sacaba al rubio.

– Pues hasta hace poco me creía tu amigo. – Aaron frunció todavía más el ceño e intentó empujar a Jack para apartarlo. – Si ya te has reído bastante, y has demostrado lo suficiente lo machito que eres. ¿Te importaría dejarme pasar?

– Por favor, no me hagas reír. No me llegas a la suela de los zapatos para siquiera haber sido mi amigo. – Dijo, soltando una pequeña carcajada y sonreír de lado. – Y si, me importa. Soy libre de hacer lo que quiera. Y humillarte es una de las cosas que nunca me canso de hacer. – El móvil en su bolsillo comenzó a vibrar.

– Parece que tu vibrador personal ha comenzado a sonar. – El de ojos azules soltó una risita, y volvió a empujar al moreno. – Anda, vete con tus amiguitos machotes y déjame en paz. – Le empujó con un hombro, consiguiendo pasar por fin. Sentía como el corazón le latía a toda velocidad, pero no dejaría que sus sentimientos se antepusieran y acabara humillado de nuevo.

Si él no significaba nada para Jack, que se olvidará de él y le dejara olvidarlo de una vez.

Jack siguió con la mirada a Aaron, intentando poner una mueca de asco al hacerlo. Sacó el móvil y bufó irritado al ver quién le había mandado un sms. Querían que fuera a otra fiesta aquella noche, pero no creía poder aguantar otra más en un futuro próximo, al menos.

Intentó ignorar al otro lo más posible si lo veía cerca de las secciones a las que tenía que ir, pero sólo conseguía acabar siguiéndolo a escondidas para comprobar que estaba bien, y, por qué no, para observarlo. Tarea que le gustaba bastante y se le daba bien.

Se sentía algo mal al haberlo tratado de ese modo. Normalmente eran los demás los que se metían con él y él procuraba sólo observar. Mentiría si dijese que no lo echaba de menos, pero tampoco lo admitiría nunca.

El rubio terminó de coger todo lo que le faltaba y se puso a la cola de una de las cajas. Suspiró profundamente, resignado. Y pensar que alguna vez había confiado en ese bastardo de Jack. Se rascó la cabeza y se encogió de hombros, no tenía sentido que se lamentara ahora de algo que ya había pasado, y que no tenía remedio.

Recogió el cambio que le ofrecía la cajera, metió todo lo que había comprado en bolsas, y se dirigió de nuevo a su pequeño piso solitario. Hacía ya un año que se había independizado, y aunque no le iba nada mal, a veces echaba de menos a sus padres y su hermana pequeña.

Jack, que se había colocado en una caja cercana, acabó de poner todo en bolsas apenas un momento después de que el rubio abandonase el establecimiento. Resignado, suspiró y se puso a caminar rumbo a su casa, intentando apartar al otro de su cabeza. No tenía sentido obsesionarse más aún con él.

Para cuando el rubio llegó a su piso, ya eran las dos de la tarde. Guardó todo lo que había comprado en la nevera, y el helado en el congelador. Le daba una pereza terrible cocinar, pero la verdad es que tenía bastante hambre.

Mientras tarareaba una musiquilla que había escuchado en una tienda de discos cercana, sacó la sartén, la carne y las especias, y se preparó para hacerse una buena parrillada. Frunció el ceño de repente, recordando que era el plato preferido de Jack.

– No pienses más en eso. – Se recordó a sí mismo, mientras se pasaba el dorso del brazo por los ojos. Se juró que nunca más lloraría por él.

*

El castaño, en cuanto llegó a casa, además de ganarse un sermón por tardar, tuvo que guardar todas las cosas en su lugar y ayudar a poner la mesa y a hacer la comida sólo por que el listo de su hermano se había quedado a comer a casa de su nuevo amigo.

Tras comer, se echó a dormir de nuevo y hasta las diez de la noche no se despertó. Malgastó otra hora entre ducharse y arreglarse el cabello, y la ropa. Se veía muy diferente a cómo se había vestido al medio día. Llevaba unos vaqueros nuevos oscuros, una camisa azul por fuera y un pequeño chaleco blanco. Todo ello rematado con unas deportivas blancas. Tenía que verse perfecto y cool. Cosa de la cual se cercioró antes de irse de casa en el espejo de la entrada.

Afuera le esperaba un amigo con su moto y un casco extra. Así que agradeció no tener que perder media hora más con el metro.

Tardaron apenas siete u ocho minutos en llegar a la casa donde se celebraba la fiesta, que ya era audible desde hacía varios kilómetros.

Nada más entrar unos brazos delgados apresaron su cuello y una chica pelirroja se colgó de él.

– Michelle, déjame en paz. – Dijo intentando apartarla inútilmente mientras con su mirada escaneaba el lugar. Ya habían varios borrachos, inclusive su novia de turno.

– Pero… – La chica hizo un puchero. – Me dijiste que esta noche lo haríamos.

– Ahora tengo que encontrar a tu hermano. Suéltame.

Por fin se pudo deshacer de ella, y empezó a vagar por la casa como si la conociera de siempre, y se hacía con un vaso de contenido dudoso.

* * *

Dos horas más tarde se encontraba tirado en el sofá del piso de arriba, con otro vaso en su mano, medio vacío, mientras observaba con mirada ausente la pared frente a él. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, sintiéndose afiebrado y no volvió a abrirlos hasta que sintió una boca en su cuello. Para él habían pasado apenas unos segundos, minutos en la realidad.

Cuando giró para ver si se trataba de aquella pelirroja pesada, se halló con la mirada del hermano de ésta.

– Te llevo buscando toda la noche. – Susurró éste, subiéndose al regazo de Jack. – Vayámonos a una habitación, tengo ganas de mamártela. Estás tan duro. – Rió, posando su mano sobre el evidente bulto en los ajustados pantalones. Bulto que no sabía que estaba ahí.

– Mmmm. Cama. Mamada. Suena genial. – Rió. – Vamos. Ya.

Los siguientes minutos los gastaron buscando una habitación libre. Cuando la encontraron, Jack no supo cuando había sido arrojado a la cama o cuando sus pantalones fueron bajados. Sólo sabía que aquella boca húmeda y caliente se sentía genial. Sobre todo lo que hizo con su lengua hasta que se corrió.

– Tu turno, machote.

Jack le dio la vuelta al otro, y con manos torpes se deshizo de la correa y desabotonó los pantalones.

En algunas fiestas siempre acababan así. Era un pacto mudo desde que en una de las tantas fiestas estaba tan borracho que confundió a su compañero con Aaron y acabó tirándoselo de la manera más brusca y salvaje que podía recordar. Nunca comentaban nada al respecto entre ellos y menos dirían algo al resto del grupo.

Pero ahí se encontraba, entre las piernas de aquel rubio, e intentando coordinar para hacer una buena mamada cuando la puerta del cuarto se abrió y aparecieron dos de sus amigos, que inmediatamente entraron.

– ¡Qué coño…!

El rubio se apartó de él con cara de terror, empujándolo contra el mueble más próximo, golpeándose en la cabeza.

– ¡Ha sido él! – Gritó. – Es un marica de mierda. Me arrinconó contra la pared y no dejaba de acosarme. Me escondí aquí y me siguió. – Gruñó el chico, espantado e hiperventilando, mientras le pegaba una patada para mandarlo aún más lejos, esperando que fuese lo suficientemente creíble como para que los otros lo creyeran.

Y, ¡oh!, lo hicieron.

Unos diez minutos después Jack se encontraba en la calle y desorientado. Lo habían tenido en la habitación encerrado, patadas y puñetazos cayéndole de todas partes, hasta que uno de los dos que había entrado de improviso había vuelto con más gente, toda ella muy cabreada, y lo habían arrastrado a la calle de mala manera.

En todo momento, el castaño apenas pudo cubrirse con sus antebrazos la cara. Se sentía demasiado mareado y débil como para que lo que había tomado fuera simplemente alcohol.

La siguiente media hora la recordaba a retazos. Sólo sabía que hasta la más mínima parte de su cuerpo le dolía, Hasta lugares que no pensaba que pudiesen llegar a doler. Y que todo ello fue rematado con insultos vejativos, una última patada del rubio y un escupitajo de su hermana pelirroja.

– No puedo creer que fueran un asqueroso maricón. Cómo pude dejar que me pusieses las manos encima, y me follaras.
Tras varios minutos, consiguió el valor suficiente como para palparse la cara y descubrirla bañada en sangre, con un ojo hinchado y el labio inferior y la ceja izquierda partidos. Y, mucho después, lo que le pareció una eternidad, consiguió ponerse de pie, intentando no caerse o vomitar.
Caminó hasta que vio un callejón tranquilo, sin importarle la zona donde se encontraba, y se tiró contra la pared, viendo su ropa llena de sangre y manchada de tierra y polvo.

*

Aaron se giró en la cama, poniéndose de lado. Llevaba como cerca de una hora y no conseguía dormir por mucho que lo intentaba, y es que aquel encuentro inesperado con Jack lo había trastocado más de lo que había querido admitir. Suspiró derrotado y se cubrió los ojos con uno de sus brazos.

– Hijo de puta. Incluso cuando no estás, no me dejas descansar. – Llegando a la conclusión de que por mucho que lo intentara no iba a poder de momento, se levantó con pereza de la cama y se vistió con unas bermudas y una camiseta de los rolling.

Iría al badulaque situado dos manzanas de su piso, que permanecía las 24 horas del día abierto, a pillar las guarradas suficientes para pasar el resto de la noche despierto. Suspiró mientras cerraba la puerta de su casa, bajando los escalones de dos en dos mientras tarareaba la misma canción que había escuchado ese mediodía.

No se dio cuenta de la pierna que sobresalía del callejón próximo a su piso, hasta que hubo tropezado con él y casi caído de bruces.

– ¿Qué cojones…? – Pero al darse la vuelta, las palabras murieron en su boca. “¿Jack?” Fue la única palabra que pudo formular su cerebro en ese momento, seguida de frases tales como: “¿Qué coño hace ahí?” y “¿Por qué está tan hecho polvo?”.

Frunció el ceño y se dio media vuelta. Le faltó muy poco para dejarlo ahí tirado y seguir su camino, pero a diferencia del moreno, él no podía olvidar una amistad de 15 años. Suspirando, y sintiéndose idiota y manipulado, dio media vuelta y se agachó al lado del bulto que un día había sido su amigo. Comprobó que todavía respirara, y con algo de esfuerzo, lo cogió en brazos y subió los cuatro pisos sin ascensor que los separaba de su piso.

Jack seguía con los ojos cerrados, sólo sintiendo que lo movían. El aire le faltaba a la hora de andar, y respiraba costosamente, a la vez que sentía que sus piernas no parecían querer cooperar al subir los escalones.

– No… – Dijo con voz rota. – No he hecho nada. – Tras esto comenzó a toser varias veces, aún sin atreverse a abrir los ojos por si eran sus amiguitos que volvían para rematarlo.

– Según tú, nunca haces nada. – El rubio suspiró, meneando la cabeza negativamente. – Tranquilo, no te va a pegar el marica, si es eso lo que te da miedo. – Volvió a suspirar, resignadamente, sujetándolo mejor, ya que empezaba a escurrírsele de los brazos. – No sé qué habrás hecho para quedar en ese estado, pero sinceramente, no me importa.

Llegaron a la puerta de su casa, y mientras sujetaba a Jack con un brazo, intentaba atinar en la cerradura con la llave libre. Tras un par de intentos en los que Aaron casi acaba en el suelo con el moreno, consiguió abrir la puerta y arrastrarlo hasta el sofá.

– Ahora estate quietecito mientras voy a por el botiquín. – Ahora que lo pensaba bien, esa era la primera vez que tenía a Jack en su casa, puesto que se había independizado medio año después de tener aquella pelea con él.

Se sentó en el sofá y abrió las piernas, bajando la cabeza entre ellas y apoyando los codos en las piernas. Se pasó las manos por la nuca, maldiciendo por lo bajo al reconocer quién lo había recogido. – Mierda, mierda. – Gruñó, echando luego la cabeza hacia atrás.

Se puso en pie, e intentó irse de allí. Lo que menos quería era ver a Aaron en ese momento y así. Pero una vez de pie se dio cuenta de que no conocía el lugar donde estaba, y apenas dio dos pasos cuando las piernas le fallaron.

– Te dije que no te movieras. – El rubio dejó el botiquín que acababa de sacar del baño sobre la mesa del salón, y se acercó al moreno. Al intentar sujetarlo por el brazo, el otro tan sólo lo apartó como si tuviera la lepra, y Aaron levantó los brazos en símbolo de paz. – Tranquilo, fiera, no pienso violarte ni nada parecido. Sólo quiero ayudarte con esas feas heridas.

Suspiró resignado y lo levantó del suelo para colocarlo de nuevo en el sofá. Ni siquiera sabía por qué lo estaba ayudando, después de todo lo que le había hecho y dicho.

– Ni siquiera sé cómo has podido ponerte en pie en ese estado. – Abrió el botiquín, sacando gasas, alcohol, esparadrapo y unas tijeras. – He llamado a tu casa, le he dicho a tu madre que te quedarías conmigo y que no se preocupara, que seguramente pasarías el día de mañana aquí. Se ha extrañado, después de dos años sin hablarnos, pero la verdad es que la he notado bastante contenta.

Jack no supo que contestar, sólo se dejó hacer dócilmente. Sabía que cuando llegara a casa su madre le reñiría por el estado en que se encontraba y lo castigaría, pero también le volvería a echar su típico sermón sobre Aaron. En el fondo estaba de acuerdo, pero no lo admitiría.

Agachó la cabeza intentando evitar mirarlo. Se sentía demasiado avergonzado.

– No tenías por qué hacerlo. Lo sé y sé que lo sabes.

– Lo sé, pero aún así no puedo evitar hacerlo. – El rubio suspiró, empapando un algodón en alcohol y acercándolo al labio partido de Jack. – Pero ya sabes por qué lo hago. Aunque no te guste… Lo siento… – Se disculpó al observar el gesto de dolor que había hecho el otro.

Poco a poco fue pasando el algodón por cada una de las heridas de su rostro, soplando en estas para que no picaran tanto, tal y como le hacía cuando eran pequeños. Palpó un poco el hombro de Jack, y suspiró con fuerza.

– Necesito que te quites la camiseta para revisar esas heridas.

El castaño lo había estado observando disimuladamente. Hacía demasiado tiempo que no lo tenía tan cerca, y ahora podía apreciar más claramente los cambios en el rostro del rubio. Tenía las facciones más marcadas, más adultas, pero seguían conservando aquel aire infantil que tanto le gustaba.

– N-no hace falta. – Dijo rápidamente, apartándose. – No quiero molestarte, cuando llegue a mi casa ya me curaré lo demás. – Hizo un intento de sonrisa, pero sólo consiguió una mueca de dolor y que a herida del labio se le abriese un poco.

– Deja de decir tonterías, ¿quieres? – Aaron se giró y cogió las tijeras, amenazándolo con ellas ante su rostro. – O te quitas esa camiseta por las buenas… o te la quito yo por las malas. – Abrió y cerró las tijeras un par de veces, dándole más énfasis a sus palabras.- Puede que tengas alguna costilla rota, y no voy a arriesgarme.

No hizo falta nada más para acabar de convencer a Jack que observaba a Aaron con los ojos bien abiertos, muy sorprendido. ¿Por qué no se comportaba así cuando se metían con él? Se deshizo del chaleco y la camisa llenos de sangre y los dejó en su regazo, por primera vez dándose cuenta de que no quería manchar el sofá. – No hace falta que seas tan agresivo. – Susurró, girando un poco la cara para evitarlo.

– Es que si no me pongo así nunca me haces caso. – El rubio sonrió, dejando las tijeras a un lado para tocar el pecho de Jack. Este pegó brinco, sobresaltado, pero bastó una mirada enfadada de Aaron para que cerrara la boca y se dejara hacer. – Tienes varias contusiones y algún par de músculos engarrotados, pero estás de suerte, ni un solo hueso roto.

Aaron volvió a mojar el algodón en alcohol y lo pasó con cuidado por las heridas. Tenía tantas que no sabía por cual empezar, y ya estaba pensando que sumergirlo en una bañera llena de alcohol iba a ser la mejor solución de todas. Sonrió ante tal pensamiento, y rió divertido al ver la expresión de desconcierto del otro.

– ¿Qué pasa? – Preguntó desconcertado. Quizás se estaba riendo de la deplorable imagen que debía ser en ese momento. Algo incómodo se encogió en su lugar, evitando la mirada y tapándose el pecho con la camisa. – Mmm, esto….gracias. Por todo. – Sintió sus mejillas arder.

– No me río de ti si es lo que piensas, tonto. – Ahora sí se rió de su reacción, quitándole la camiseta de las manos, casi arrancándosela. – Y no te tapes tanto, que todavía tengo que terminar de curarte y vendar esas heridas. – Desvió la mirada, también algo colorado, carraspeando. – De nada…

– ¿Quién ha dicho eso? – Gruñó, más incómodo aún de que fuera tan fácil saber lo que pensaba. Dejó las manos caer a cada costado de su cuerpo, sin saber dónde ponerlas. – Entonces… – Carraspeó. – ¿Esta es tu casa? – Preguntó, intentando desviar sus nervios y que no fueran tan palpables.

– Sí, aquí vivo desde hace año y medio. – Aaron sonrió, después de todo Jack seguía siendo aquel niño que sentía vergüenza por casi todo. – Después de aquello… ya sabes… decidí que necesitaba pasar una temporada solo.

Terminó de anudar la venda alrededor de su pecho y pasó a curar uno de sus brazos.

– Después necesito hacerle un corte a ese párpado para bajar la hinchazón. Pero mejor lo haremos en el cuarto de baño, o lo pondremos todo perdido.

– Vale. – Respondió dócilmente mientras lo veía desenvolverse curando sus heridas. Sabía que estudiaba medicina en la universidad, pero eso no hacía falta que el otro supiese que lo sabía. – Eh, am, pensaba que aún estabas viviendo en casa de tus padres. – Mintió. Prefería evitar aquél día en el cual prefirió a esa pandilla de idiotas en vez de seguir siendo amigo de Aaron, aceptarlo y aceptar lo que sentía por éste. – Tienes una casa muy…bonita.

– Jack… – El rubio frunció el ceño, cogiendo el otro brazo del chico con un poco más de fuera de la necesaria. – Deja de hacerte el simpático, no es necesario. – Su expresión se endureció mientras lo vendaba. – Ambos sabemos que te doy asco, así que deja de fingir… Te voy a curar igual…

Jack se mordió el labio inferior. Mejor no sacarlo de su error, así ambos estarían mejor. A salvo.

– Más suavemente. – Susurró, frotándose el brazo con la mano y mirándolo por sobre su flequillo con cara lastimosa. – Ah, y bueno, sino intento ser simpático, ¿cómo vamos a pasar el tiempo? ¿En silencio?

– Lo siento. – Dijo a regañadientes, tratando con más cuidado su brazo. – Y el silencio no está mal. Ya deberías conocerme lo suficiente para saber que lo prefiero a la hipocresía.

– Nhn… – Jack bajó el rostro, mordiéndose más fuerte el labio sin importarle tener herida ahí. – Entonces sería hipocresía que pasase la noche aquí y estuviese mañana aquí. Ya sabes, ¿qué hago en casa de alguien como tú? Y más aún cuando no nos soportamos. – Dijo ácidamente. Lo mejor era apartarlo de él y que lo dejase en paz. Así podría pensar en como solucionar la mierda que ahora iba a ser su vida.

Ahora fue el rubio el que se mordió el labio para no soltarle todos los insultos que se le ocurrían. Ciertamente se preguntaba por qué coño lo había ayudado.

– Simplemente no podía dejarte ahí tirado… – Sentía que los ojos se le aguaban, y parpadeó para no llorar. – Yo no soy un bastardo insensible como tú, y para mí esos años de amistad SÍ que significaron algo. – Sin volver a mirarle siguió curándolo hasta terminar de vendar todas sus heridas. – Vente al baño y te arreglaré ese ojo.

Jack lo siguió con la cabeza gacha. La había jodido. Lo sabía. Pero también sabía que era lo que había estado buscando. Le dolía verlo así. Menudo capullo estaba hecho. Muy bien. Se hundía más en su propia mierda. No se atrevió a responderle nada ya que el rubio tenía la razón y de entre los dos era el más valiente por afrontar aquello que él no se atrevía y seguir siendo igual de fuerte.

Se paró en la puerta del baño y pretendió mirar las baldosas.

– Lo siento. Me he pasado. – Dijo en voz baja. No sabía si lo habría escuchado, pero no podía seguir con esa sensación que le oprimía el pecho.

– No vuelvas a decir que lo sientes, o no sé cómo respondo. – Aaron apretó los dientes y los puños con furia, sintiendo una lágrima deslizarse por la mejilla. – ¿Cómo te atreves a decirme eso ahora? – Cerró los ojos y se limpió la cara con fuerza con el revés de su mano, girándose de pronto. – No puedes decirme eso ahora, ¡no ahora! – Y de un empujón lo tiró contra la pared.

Le miró a los ojos, y mordiéndose el labio salió del baño, sentándose en el sofá del salón. No podía dejar que aquello le desmoronara, no después de dos años.

Jack se apoyó contra la pared suspirando. ¿Qué debía hacer?

Sacando valor de donde no sabía, fue hacía el comedor. Al menos a coger su ropa. Al entrar al salón, se quedó mirándolo mientras se debatía internamente. – Creo que lo mejor es que me vaya. Gracias por todo. – Dijo. Caminó lentamente hacia el sofá sin atreverse a acercarse al chico o coger su ropa. Le entraban ganas de abrazarlo y pedirle perdón aunque lo moliese a puñetazos. Pero se dijo que no. No debía.

– Siempre te has pasado la vida huyendo. – El rubio suspiró, un poco más calmado, levantando el rostro después de haberse limpiado las lágrimas. – Sólo hay una cosa que siempre he querido preguntarte… – Despacio levantó el rostro, y se le quedó mirando fijamente. – ¿Por qué?

El castaño lo miró fijamente de vuelta, y se pegó una patada mentalmente.

Lo único que quería era desaparecer rápidamente. Huir, como había dicho Aaron. No quería darle más vueltas a aquello y recordar lo idiota que había sido.

– ¿Por que qué? Simplemente pensé que hacía la elección correcta. – Se acercó del todo al sofá en dos zancadas y cogió su ropa, para apartarse igual de rápido. – Buena o mala. Pero la tomé. – “Y siento no haber tenido en cuenta tus sentimientos”, añadió mentalmente.

– ¿Esa es toda la respuesta que vas a darme, después de nuestros 15 años de amistad? – Aaron frunció el ceño y le sujetó del brazo, impidiéndole que se fuera. – Creo que me merezco algo más, y también merezco saber que te he pasado. – Señaló sus heridas, y lo obligó a sentarse en el sofá.

Se dejó caer a su lado, intentando poner un poco de distancia entre ellos. Lo miró de reojo y se sintió realmente incómodo teniendo que contarle todo aquello.

– Mis… – Suspiró. – Mis “amigos” – Enfatizó mientras sonreía tristemente de lado. – Me encontraron haciéndole una mamada a Steven. – Explicó, y esperaba que no recordase al chico y se diese cuenta de las semejanzas entre ambos. – Y ya sabes que esas cosas de maricas no les va mucho, y menos descubrir que yo lo soy. El cabrón de Steven me echó las culpas de que lo había estado acosando en la fiesta en la que estábamos, para que a él no le pegaran, y ya ves. Me dejaron como me encontraste. Yo simplemente andé hasta aquí inconscientemente ya que sabía que tú… – Se calló al darse de que había metido la pata al revelar que sabía que vivía allí cuando hacía un rato le había dicho que no lo sabía.

Echó la cabeza atrás y suspiró. – Y bueno, esa es la única respuesta que sé darte. Pensé que… que aunque te perdiese a ti – Se obligó a continuar. – Ganaría a mucha más gente… – Se mordió el labio impidiéndose continuar. No quería revelarle nada más. El otro lo había dicho. Ya era demasiado tarde.

– Así que tus supuestos “amigos” te dejaron así por chupársela a otro tío… – Aaron frunció el ceño a más no poder, realmente parecía enfadado, como jamás en su vida lo había estado. – Y luego me llamabas marica… no quisiste saber nada más de mí por lo que te dije… y te vas a chupar la polla de otro tío…

El rubio no pudo aguantar más, y estalló en carcajadas. Pero no eran de felicidad, ya que se podía notar claramente el tono sarcástico y abatido en ellas.

– ¡Qué te jodan, Jack! ¡¿Dejaste mi amistad sólo por más “amigos” que después te hicieron esto?! – Volvió a reír, y lo señaló con un dedo. – ¡Te lo mereces! ¡Ahí te pudras y te quedes sin amigos!

Después de decir eso, se levantó del sofá y lo arrastró con él hasta el baño, dejándolo sentado en la taza del váter. Ni siquiera recordaba ya lo que le había dicho el otro acerca de saber que vivía solo y en esa zona, la rabia le nublaba la mente.

– Estate quieto si no quieres que te haga daño, y después podrás volver a tu casa si es lo que quieres. – Sujetó el rostro del moreno, y con cuidado hizo un preciso corte sobre el párpado hinchado.

Jack se dejó arrastrar al baño y que lo curase. Pero siempre evitando mirarlo. Se sentía tan avergonzado. ¿Por qué el rubio tenía que decir todas las verdades que él mismo evitaba ver? Menuda mierda de vida le esperaba. Menuda mierda de vida había tenido hasta entonces. Ahora se había quedado sin amigos y sin Aaron. Definitivamente había hecho una mala elección, por algo su hermano lo llamaba tonto tantas veces. Si al final tendria razón.

Se quedó callado todo el tiempo porque se notaba que Aaron estaba muy cabreado, y cuando estaba cabreado era mejor no estar cerca. Daba miedo, por lo que recordaba.

Después de limpiar la sangre con un paño y curar el corte, el ojo de Jack tenía mejor aspecto, incluso había disminuido totalmente de tamaño y ya no le molestaba para ver.

– ¿Lo notas mejor? – Le preguntó el rubio, mientras terminaba de cubrirlo con una gasa. Hacerle aquella cura lo había tranquilizado bastante, pero no lo suficiente. – Intenta no moverte demasiado ni hacer movimientos bruscos. Ya que estás, puedes quedarte esta noche si quieres, y marcharte mañana.

Éste en respuesta simplemente asintió sin sentirse aún capaz de articular palabra alguna. Se levantó y se movió hacia un lado evitando que ambos estuviesen más cerca de lo que su espacio personal le permitía. Y antes de contestar verbalmente tuvo que dejar que unos cuantos incómodos segundos pasasen. – Gracias por todo. – Repitió en voz baja. – Pero no quiero molestarte más. Será mejor que me vaya ya. De verdad, gracias por todo. Te debo una.

Aaron suspiró resignado, y es que no había manera de hacerlo entrar en razón.

– Si llegas ahora a casa, y con esas pintas, tu madre va a pensar que he sido yo el que te ha metido la paliza. – Se pasó la mano por el pelo, apartándoselo de la cara. – No me molestas, quédate. De todas formas no podía dormir. – Lo guió con cuidado hasta su habitación, y le dejó una de sus viejas camisetas que usaba para dormir, curiosamente una que Jack le regaló por su cumpleaños hacía ya tres años. – Puedes dormir en mi cama, yo estaré en el salón si necesitas algo.

– Viéndolo así tienes razón. Aunque seguro que mi madre pensaría que me lo tengo merecido. – Intentó bromear, pero ni el mismo se rió. Tomó la camisa de las manos del otro, y sólo cuando se la puso se dio cuenta del significado de ésta. Sintió su corazón latir rápido, y se mordió el labio inferior. – Pensaba que la habrías tirado. – Dijo señalando la camisa. – Me alegra que no lo hayas hecho. Y, gracias de nuevo.

Se quitó los pantalones con cuidado, sentándose en la cama y deshaciéndose de los calcetines y las deportivas. Aaron giró el rostro, algo avergonzado por las palabras del otro.

– Ya te dije en su momento que me gustabas, ¿cómo iba a tirar algo que me habías regalado tú? – Se giró de espaldas, sin atreverse a mirarle el rostro por alguna extraña razón. – Túmbate mientras traigo el botiquín para curarte las heridas de las piernas. – Y sin decir nada más, salió corriendo de la habitación.

El castaño hizo lo que el otro le pedía, y se tumbó en la cama. Le daba miedo manchar las sábanas con sangre, pero de todos modos no pudo evitar girar el rostro y cerrar los ojos para concentrarse en oler la almohada de Aaron. Olía tan bien. Olía a Aaron, igual que la camisa. Enseguida el olor se le quedó en la nariz, era tan embriagante como su dueño.

Recordar la declaración que el otro le había hecho hacía dos años lo ponía nervioso, pero no iba a ser nada comparado a tener sus manos en su cuerpo. Ya no en su imaginación, como cuando se acostaba con Steven. Sino que sería real. El solo pensamiento le causaba ansiedad, pero tenía que contenerse. Ya le había dejado claro que prefería no volver a saber nada de él. Y lo entendía perfectamente.

Al cabo de un rato, el rubio volvió aseado y con otra de las camisetas que utilizaba para dormir, y que curiosamente también le había regalado Jack.

– Después de aquello hace dos años… no podía tirarlas, y empecé a usarlas para dormir. – No supo por qué sintió la necesidad de explicarse, pero igualmente lo había hecho. Se acomodó en el suelo, a los pies de la cama, y dejó el botiquín a su lado. – Necesito que flexiones las piernas. – Le ayudó a hacerlo, y empezó a pasar nuevamente el algodón empapado de alcohol por la piel del moreno, esta vez por las piernas.

Intentaba no fijarse demasiado, tan sólo lo justo para curarle una herida y pasar a otra, pero el más leve contacto con su piel lo ponía nervioso. No por nada había pasado dos años desde la última vez que le había rozado, que no fueran para pelearse, y ahora no podía evitar sentirse algo nervioso.

– “Tiene que haber sido por culpa de la dichosa pelea, porque antes de esto estaba tocándole el pecho como si nada y no me sentía de esta manera”.

– Me alegro de que no lo hicieras. Al menos pueden ser útiles aunque el que las regaló no lo sea. – Susurró. Apenas abrió un poco los ojos para ver como Aaron lo iba curando. Era un chico demasiado bueno. Y encima los pequeños toques con su piel estaban teniendo un efecto nada desead. Tanto que ni siquiera sentía escozor en las heridas cuando el otro le aplicaba el alcohol. – Lue-luego si quieres puedo hacerte compañia si no puedes dormir. – Dijo de pasada, intentando entretener a su mente.

– Estaría bien. – Aaron sonrió, recordando todas aquellas noches en las que dormían juntos, en casa de uno o de otro, y no pegaban ojo en toda la noche. – La verdad es que te eché mucho de menos… pero nunca lo reconocería… – Soltó una risita infantil, como cuando eran pequeños, precisamente porque acababa de reconocérselo.

El rubio agachó la cabeza, sintiéndose colorado, y fijó la vista en las heridas ya desinfectadas. Empezaba a sentirse como si aquellos dos años hubieran sido una pesadilla, y nunca hubieran pasado.

– Tengo que reconocer que no sé si es buena idea que te siga curando. – Agachó todavía más el rostro, ocultando el color encarnado de este tras su cabello.

Jack sonrió con cariño al oírlo reír. Había echado de menos esa risa, y más aún al dueño de ella y todo lo que habían hecho siempre juntos.

Se puso de rodillas y avanzó hasta donde estaba el otro, aún sonriendo. – Si, echo de menos esas noches que compartíamos a veces. Y más cosas: como a ti. – Esto último lo susurró, esperando que no lo hubiese oído. – Y, no pasa nada. Supongo que debe de ser incómodo. – Dijo sin reconocer que él estaba en las mismas, y que agradecía que hubiese parado.

Le hubiese gustado tomarlo por la barbilla y hacerle alzar el rostro, pero sólo se sintió capaz de bajar el suyo propia hasta la altura en el que se encontraba el de Aaron y mirarlo detenidamente.

– No pasa nada. Después de todo estamos entre maricas. – Bromeó.

Aaron levantó el rostro, sorprendido por aquellos comentarios. Primero le decía que le había echado de menos, y después admitía ser marica como si tal cosa. ¿Qué demonios le había pasado?

– Yo… – No supo que decir, su rostro estaba completamente colorado y se sentía enfebrecido. Y encima tenía la cara que había amado durante tantos años a tan sólo unos centímetros. Sin poderlo evitar y por acto reflejo, entrecerró los ojos y se acercó a sus labios, rozándolos apenas.

Nada más hubo notado el cálido tacto de estos, se separó y le miró espantado, sin saber qué decir.

– Yo… yo… – Tartamudeó como no había hecho desde hacía dos años, y poniéndose de pie de golpe, salió corriendo de la habitación. – ¡Lo siento!

El castaño se levantó rápidamente y lo siguió tan rápido como sus heridas le dejaban hasta tomarlo por el codo con una de sus manos y obligarlo a darse la vuelta.

– ¿Sabes? No tienes por qué sentirlo. – Dijo, demasiado emocionado por el escaso toque entre sus labios que ya se había olvidado de su resolución de dejarlo en paz. Lo movió hasta dejarlo contra la pared y poner ambos antebrazos a cada lado de la cabeza de rubio e inclinarse. – Yo no lo siento. – Reconoció, moviéndose más cerca hasta capturar sus labios de nuevo en un beso para nada dulce, más bien algo salvaje, ansioso y necesitado.

Aaron abrió los ojos de golpe, sorprendido por la reacción del moreno. No sabía qué debía pensar, pero sinceramente en aquel momento poco le importaba. Aquellos labios le sabían a gloria, y los había deseado durante años.

Volvió a cerrar los ojos, rodeando su cuello con los brazos y respondiéndole al beso de la misma forma ansiosa y violenta que el otro. No pudo evitar pegarse más a su cuerpo, gimiendo a cada que llegaba una bocanada de aire a sus pulmones.

Uno de los brazos del castaño bajo para rodear la cintura del otro y atraerlo más. Le parecía imposible que estuviesen besándose, sobre todo después de un día tan mierda.

Su lengua salió ansiosa para adentrarse en la boca del otro, que no opuso mucha resistencia, y empezó a moverse contra la del rubio. Puso todo el peso de su cuerpo contra Aaron, apresándolo del todo contra la pared mientras una de sus piernas se hacía hueco entre las del rubio y dejaba que éste notara su sexo ya algo duro contra su muslo.

– Dios. Se siente genial. – Jadeó contra la boca del otro cuando se apartó para tomar aire. – Tal y como lo había imagino. – Añadió sin pensarlo.

– ¿Lo habías imaginado? – Jadeó el rubio contra sus labios, gimiendo al notar el erguido miembro de Jack contra su muslo, y el suyo propio apretado contra el del moreno. – Yo fantaseaba con esto todas las noches al irme a la cama… – Volvió a gemir, y se aferró con fuerza a los hombros del otro, apretándolos. – Y créeme, ¡no era sólo eso lo que imaginaba! – Aaron se lanzó contra el moreno, frotándose contra su cuerpo a la vez que volvía a invadir su boca con la suya. – No puedo más… Jack… – Gimió con las lágrimas rebosando sus hermosos ojos azules. – Llevo años soñando con esto, y ahora no sé qué creer…  Ni siquiera sé si te estás burlando de mí…

Jack bajo el otro brazo y con esa mano le limpió las lágrimas sintiéndose un poco impotente. Aquello se lo había buscado él mismo con cada burla y pelea en la que había metido a Aaron.

– No quiero volver a engañarme a mi mismo ni a hacerte daño a ti. – Pasó el dedo gordo por la mejilla después, acariciándola en un intento de tranquilizarlo. – En realidad me gustabas también. Aún me gustas. Pero fui un cobarde. No pienso volver a burlarme de ti, ya me he estado engañando mucho tiempo. – Jadeó, uniendo de nuevo sus labios esta vez de un modo más dulce, succionando el labio inferior suavemente.

Lo soltó un momento para llevarlo hacia el salón de la mano, sentarse en el sofá y sentar al otro sobre su regazo de frente.

– Jack… – Le sujetó el rostro con ambas manos, acercándolo para besarlo. – Jack… – Susuró de nuevo su nombre entre gemidos, uniendo sus labios de nuevo. – Joder Jack… te juro que como esto sea una forma más de burlarte de mí, te mato. – Aaron rió suavemente antes de volver a lanzarse contra ese cuerpo que tanto había admirado. – Sólo espero que tus heridas no vuelvan a sangrar. – Cerró los ojos e inclinó el rostro, lamiendo una que tenía cerca del cuello. Jadeó contra este y deslizó ambas manos bajo la camiseta, alzándosela. – Llevo años deseando que me folles.

Jack sonrió al verlo tan emocionado, igual o más que él. – Te prometo que no es una broma. – Dejó que le quitase la camisa, colaborando mientras alzaba los brazos y sentía de nuevo la boca del otro sobre la piel de su cuello. Gimió roncamente mientras notaba escalofrío que iban directos a su sexo, sintiéndolo más apretado contra la ropa intenrior y contra Aaron. – Y yo llevo años deseando follarte. – Rió, sus manos moviéndose para quitarle al otro también la camisa. Necesitaba sentir su piel contra la suya ya.

Aaron gimió con fuerza, borracho por todas las sensaciones que le invadían. Se separó un poco del cuerpo del otro para inclinarse y lamer uno de sus pezones, mientras su mano se dirigía al miembro erguido del moreno y lo sacaba de la ropa interior.

– Jack, no puedo más… He esperado demasiado… – Se incorporó sobre sus rodillas en el sofá, tirando de la ropa interior a trompicones por la prisa, intentando quitársela cuanto antes. Había esperado dos años y no sabía si podría esperar mucho más. – Fóllame Jack… – Susurró contra su oreja, lamiéndola para después morderla con algo de fuerza.

Esa imagen era más de lo que Jack podía soportar. Gimió con fuerza agarrándolo por las nalgas, mientras seguía jadeando de los pequeños toques que el otro le regalaba. Sentía su sexo endurecerse más aún, si era posible, entre los dedos de Aaron y sus pezones erguirse a causa del frío y la falta de la boca del otro sobre ellos.

– No quiero hacerte daño. – Jadeó, tanteando con un dedo la entrada de éste. Su otra mano no paraba de subir y bajar por la espalda del rubio, pasando a acariciar luego su abdómen, bajando lentamente.

– Jack… – Aaron gimió y sujetó al moreno por el cuello para arrastrarlo con él cuando se dejó caer hacia un lateral del sofá. – Así… así mejor… – Jadeó el rubio con nerviosismo, separando las piernas todo lo posible para dejarle espacio.

Empezó a mover las caderas hacia arriba, frotándose de vez en cuando contra las del otro, notando como sus miembros se friccionaban. Cerró los ojos y gimió con fuerza, llevando una mano libre hasta el pene erecto de Jack, volviéndolo a masturbar, esta vez más rápido.

– Mmmm – Gimió mordiéndose el labio inferior y acercándose al rostro del otro para acaricias los labios del otro con los suyos propios, tirando de ellos todo lo que podía, lamiéndolos después. Mientras seguía jugueteando con la entrada del otro, moviendo el dedo circularmente hasta atreverse a meter sólo el principio de éste.

La otra mano descendió para tomar el pene del otro, bajando la mano y con ella la piel, pasando la yema de su dedo gordo por la punta. – Tranquilo. Ahora. – Jadeó, convenciéndose más a sí mismo que al otro.

– Aaah… Jack… Mmm… – Encorvó la espalda al notar la intromisión en su ano, gimiendo suavemente mientras encogía los dedos de los pies en un autoreflejo. – Tengo…. tengo que confesarte una cosa… – Cerró los ojos con fuerza, jadeando sin dejar de atender ni por un momento el miembro del moreno. – Soy… soy virgen… Jack…

Jack lo miró directamente a los ojos y le sonrió tranquilizadoramente, besando sus labios castamente después. – No pasa nada. – Gimió contra su oído. Empezó a masturbarlo de forma más seguida, bajando poco a poco, besando desde su lóbulo hasta su clavícula. – Tranquilo. Prometí no hacerte daño. Relájate y todo será mejor. – Dijo lamiendo luego la zona. Probó a meter un poco más de su dedo hasta la mitad de éste, quedándose quieto y sin moverlo.

– Mmmm… Se siente raro… pero me gusta… – El rubio entreabrió los ojos, sonriéndole mientras le miraba. – Sé que no debería… – Soltó una pequeña risita seguida de un gemido. – …pero confío en ti…

El castaño subió hasta su rostro y apresó sus labios, emocionado, haciendo que los gemidos de ambos muriesen en sus bocas. – Gracias por confiar en mí, aunque no me lo merezca. – Susurró contra los labios del rubio. – Y, tranquilo, se sentirá mejor. Ya verás cómo te gustará. Te lo digo por experiencia. – Dijo, pensando más en reconfortarlo que en fastidiarla sacando algo de su pasado.

Sacó el dedo y lo metió intentando buscar ese punto especial que sabía que haría que Aaron se olvidase del dolor y disfrutase.

– Aaahhh, ¡!Jack!! – El rubio gimió con fuerza, encorvándose y agarrándose a los brazos del otro, clavándole las uñas inconscientemente. – Sí, ahí… Vuelve a hacerlo, Jack…

Éste volvió a repetir la acción, observando deleitado las expresiones que iban pasando por el rostro del rubio. Se mordió el labio inferior mientras su respiración salía pesadamente por entre los labios.

– ¿A-asih? – Preguntó jadeando. – Cuando te sientas preparado para otro dedo, avísame.

– Ya… otro… mete otro, Jack… – Aaron separó más las piernas, guiándolas hasta la cintura del otro y apresándolo con ellas. – No sé que has tocado… pero se siente muy bien… Hazlo… hazlo de nuevo…

Jack lo complació, y comenzó a meter otro despacio, inclinándose y apartando la mano del sexo del otro para que ambos penes comenzasen a rozarse. – Te dije que se sentía bien. – Jadeó contra su mejilla, dejando un reguero de pequeños besos por la cara y el cuello después.

– Sí… se siente muy bien… – El rubio gimió con fuerza, encorvando la espalda para sentir más intensamente la fricción de ambos miembros. Le sujetó el cuello con ambos brazos, atrayéndolo para besarlo apasionadamente, acallando los gemidos contra sus labios. – Hazlo ya… Jack…

– Mmmmm. – Mordió el labio inferior del otro, tirando después de él. Comenzó a mover los dos dedos con mayor intensidad, atreviéndose a meter poco a poco un tercer dedo. – Enseguida. No quiero hacerte daño. – Con la otra mano comenzó a masajear los testículos del rubio, mientras sacaba los tres dedos. Elevó las piernas del otro colocándolas sobre sus hombros, y cogió una almohada para colocarla de tal modo que las caderas de Aaron se elevasen. – ¿Preparado?

– Sí… preparado y deseándolo… – El rubio besó de nuevo sus labios, jadeando. Le sujetó los hombros con fuerza, atrayéndolo más a su cuerpo para sentirlo con más intensidad. – No puedo creer que estemos haciendo esto… – Su cuerpo se estremeció ante el simple pensamiento de lo que en segundos iba a ocurrir.
– Yo tampoco. – Rió, devolviéndole el beso con entusiasmo. – Si te duele, avísame y paro. – Jadeó. – Y si no puedes con el dolor, muérdeme el cuello o aráñame. No pasa nada. – Sugirió, exponiendo su cuello, besando el del otro, mientras se posicionaba y empezaba a adentrarse en el otro con lentitud.

– Mmmmm… vale… ah… si me duele, te morderé… – Aaron soltó una risita, mordiéndole suavemente el cuello para luego lamerlo. – Ah… así… sigue… – Gimió con fuerza, cerrando los ojos mientras clavaba las uñas en sus hombros. – Quiero sentirte… dentro…

Rió mordiéndole el cuello también de vuelta. – Malo. – Jadeó. Al terminar de penetrarlo se quedó quieto, notando la carne caliente del otro envolverle. – Oh, se siente genial. – Gimió roncamente. – Estás tan estrecho…ah – Continuó masajeando el pene de Aaron, intentando hacer que se pasase el dolor.

– ¡Ah! ¡Jack! ¡Duele! – El chico cerró los ojos con fuerza, clavándole los dientes en el cuello al moreno. – Pero no pares… por favor… – Notaba las lágrimas escapar de sus ojos, pero no quería que Jack le viera para no preocuparle. – Se siente bien… tu miembro…

– Shhhh… Dentro de poco se te pasará. – Dijo con voz débil y besando las mejillas del otro con insistencia. – Tranquilo. – Cerró los ojos y se mordió el labio a causa de la mordida, pero sabía que no se comparaba con lo que estaba sintiendo el otro. Aumentó el movimiento de su mano sobre el miembro, acariciando la punta con su dedo gordo. – Cuando….cuando te duela menos, empieza a moverte.

– Mmm… Vale… – El rubio aguantó la respiración durante unos minutos, intentando relajarse y que pasara antes el dolor. Al cabo de un rato, Jack podía notar que la tensión en el cuerpo de su pareja disminuía, y que empezaba a mover ligeramente las caderas. – Muévete…

– ¿Seguro? – Preguntó.

El otro como toda respuesta asintió lentamente y volvió a mover las caderas. Jack se estremeció y ansioso por hacerlo sentir bien, le plantó un beso en el muslo, sin dejar de masajearlo. Salió lentamente del otro y se hundió de nuevo en él, intentando buscar el ángulo adecuado. Repitió la acción de nuevo, jadeando al hundirse.

– Mmm… – Aaron jadeó, moviéndose un poco para ayudar al otro a encontrar ese punto que antes le había hecho volverse loco. – Un poco… más… – El rubio levantó las caderas, y notó una leve descarga recorrerle la espina dorsal, pero no había sido tan intensa como la anterior.

– Ahí… mmm… está por ahí… – Gimió de nuevo, sujetándose a sus brazos e intentando mover la cadera para guiarle al punto exacto.

Jack jadeaba y gemía con él, dejándose guiar. Salió y se hundió con fuerza, enterrando su cabeza en el pecho del otro y jadeando contra uno de sus tetillas. – ¿Aún no? – Salió y repitió la acción, oyendo el sonido de sus testículos chocar contra el culo de Aaron.

– Ah… así… casi… un poco más fuerte… – El rubio cerró los ojos, y empujó hacia abajo y un poco ladeado hacia la derecha, al mismo tiempo que el otro volvía a embestir con fuerza. – ¡Ah, sí! Ahí… ahí… otra vez… – Gimió con fuerza, ladeando la cara totalmente sonrojada, con el pelo totalmente pegado a su rostro por el sudor.

Jack siguió embistiendo con fuerza, sin descuidar el sexo del rubio. Apoyó su mentón en el pecho para poder verle la cara, aumentando la velocidad al hacerlo. Deseaba verle más esa expresión que lo estaba volviendo loco. – ¿Ves…ah…. ves como se iba a sentir bien? – Se impulsó y en una de sus embestidas le besó enardecido la boca.

– ¡Ah, sí! Se siente genial… – Aaron gimió con fuerza, respondiéndole al beso con el mismo frenesí. – Sobre todo… cuando me das ahí… es… es genial… – Le sonrió con los ojos enturbiados por el placer, incorporándose hasta quedar sentado a horcajadas sobre sus piernas. Moviéndose con más fuerza y gimiendo más alto, ya que ahora cada vez que le penetraba tocaba de lleno su próstata. – ¡Ah, Jack, más! ¡Dame más!

El castaño acató con gusto. Aumentó la intensidad de sus embestidas y el masaje sobre el pene del otro, volviendo a tomar sus labios mientras sonreía contra estos, jadeando y gimiendo con fuerza. – Si… Más… Esto es genial. Tú eres genial, ah… – Movió su mano libre para posarla en las caderas del rubio para poder impulsarse mejor.

Aaron se sonrojó ante el comentario del otro, inclinando la cabeza contra el cuello del otro para ocultar su rostro. Gimió con fuerza una vez más al notar la presión en su próstata, y no pudo evitar arquear la espalda e inclinarse levemente hacia atrás.

– No puedo más, Jack…

– No pasa nada. Yo también… – Soltó un jadeo ronco, mordiéndose el labio inferior y sintiendo pequeñas escalofríos recorrer su cuerpo, concentrándose más en sus caderas. – Hagámoslo juntos. – Sugirió besándole la mejilla.

– Sí… – Susurró el otro, sintiendo que no podría aguantar mucho más. Cabalgó un par de veces más sobre las caderas de Jack, retorciéndose de placer cada vez que su duro miembro golpeaba sin compasión contra su próstata. A la tercera ya no pudo aguantar más, corriéndose abundantemente entre sus abdominales, gimiendo con fuerza mientras caía medio desvanecido sobre el cuerpo del otro.

Jack embistió un par de veces más, notando su abdomen tensarse y las corrientes centrarse en su miembro. Se corrió dentro de Aaron sin poder evitar encorvarse hacia delante mientras lo abrazaba fuerte e intentaba controlar su respiración.

– Eso… ha sido increíble… – El rubio jadeó, mirándole cansadamente mientras sonreía. – ¿Y ahora… que va a pasar…? – Le preguntó, no sin cierto miedo, (incorporándose y ayudándole a limpiarse mientras lo hacía él mismo.)

El castaño continuó apoyado contra el pecho del otro, intentando no caer vencido por el cansancio y recuperar lo suficiente la respiración como para hablar. – Si… – Jadeó. – Increíble. – Se movió perezosamente y se apoyó sobre sus codos para verlo. – No quiero perderte, eso es lo único que sé. Y tampoco quiero esconder lo que siento por ti. Eso… eso nos convierte en…

– ¿Novios? – El rubio sonrió, acercándose a Jack y acurrucándose a su lado. – Sólo si tú quieres y te parece bien. – Le acarició los cabellos, apartándolos del rostro. – ¿Qué pasará con tus amigos?

– Mmmm, no sé.- Rió, sacando la lengua. – Es broma. Es broma. – Volvió a reír, protegiéndose de cualquier golpe que le pudiese caer. – Novios. Suena bien. Y…mis “amigos” que se jodan. No valen nada a tu lado, y lo peor es que siempre lo he sabido.

– Entonces, ¿por qué estabas con ellos? Quiero saber la verdad. – Aaron sonrió, pegándole en la cabeza en un descuido. – Eso en venganza por reírte de mí.

– No me pegues. – Canturreó, mientras ponía cara lastimera. – Menudo novio. – Dijo, volviendo a sacarle la lengua. Puso sus manos en las caderas del otro y se mordió el labio. – No quería reconocer que yo también era… gay. Sólo pensaba en ser popular. Y cuando te declaraste y me dijiste que tú también lo eras, me asuste. – Reconoció, sintiéndose algo decepcionado consigo mismo.

– ¿Y? – El rubio suspiró, besándole con suavidad el corte del labio inferior. – ¿Mereció la pena ser popular? Espero que sí, al menos que no estuviéramos dos años peleados por nada. – Se apoyó contra el cuerpo del otro, acariciándole distraídamente la pierna. – Jack, te quiero. Y no quiero volver a perderte.

– Yo también te quiero. – Jack lo atrajo más, deslizando sus manos hacia la espalda formando un pequeño abrazo. – Creo que ya sabes la respuesta. A parte de para tener muchas resacas, no obtuve mucho más. – Sonrió de lado. – Creo que sí que estuvimos peleados por nada.

– ¿Y te parece bonito haber malgastado el tiempo que podríamos haber pasado juntos de esta manera? – Golpeó en la cabeza al moreno con la mano que tenía libre, dejándose caer después sobre su regazo, sacándole la lengua. – No mereces que te quiera tanto.

– No. – Rió, tapándose la cabeza con una mano. – La verdad es que no valió la pena. Si lo hubiese sabido, no lo habría malgastado. – Lo abrazó fuerte, besando su cuello. – Digas lo que digas, no puedes evitar quererme. – Dijo, sacándole la lengua después con una sonrisa ladeada.

– No, tienes razón, no puedo evitarlo. – Aaron se acercó a la boca del otro, atrapando su lengua entre los dientes, mordiéndola ligeramente. – Que seas tonto es parte de tu encanto. – Soltó una risita malvada, levantándose del sofá y ayudándolo después a hacer lo mismo. – Vámonos a la cama.

Jack se dejó ayudar y mientras caminaban hacia el cuarto puso carita lastimera a causa de su último comentario. – Cuanto amor. Primero me pegas y ahora me dices tonto. – El castaño fingió secarse algunas lágrimas para después pegarle una nalgada, tomarlo de la cintura y dejar que ambos cayesen en la cama.

– Demasiado amor para alguien que no lo merece. – Siguió con la broma el rubio, dejándose caer con el otro en la cama. – Creo que ya te lo he dicho pero, te quiero, Jack. -Sonrió, girándose de lado y rodeando al moreno con sus brazos.

– Ouch, no digas eso. Duele. Aunque no me merezca todo, creo que un poco sí. – Rió. Pasó su mano por el costado, dejando que reposara sobre sus costillas, y con la otra le apartó el flequillo para poder ver mejor sus ojos. – Bueno, aunque lo digas mil veces seguirá sonando igual de bien que la primera vez. – Dijo, besándolo perezosamente. Después cogió como pudo la colcha y los tapó a los dos hasta la cintura.

– Eso espero. Porque seguiré diciéndolo. – Aaron le devolvió el beso, bostezando a causa del sueño. – Ha sido una noche bastante movidita, será mejor que descansemos.

– Buena idea. – Sonrió contra sus labios, besándolos de nuevo después. – Creo que en el fondo no ha sido tan mala idea que viniese aquí… – Se dijo en voz baja.

– ¿Así que ya sabías donde vivía? – El rubio le miró de forma maliciosa, con los ojos entrecerrados. – No sé si quiero saber que has estado haciendo estos dos años que no nos hemos visto. – Volvió a cerrar los ojos y se pegó al otro como una lapa. – Calla ya y duerme.

– Uhm, sí. – Dijo, intentando esconder su repentina timidez escondiendo su cara en el hueco del cuello de Aaron. – No pude evitar preocuparme por ti. Aunque no quería. – Plantó un pequeño beso en la base del cuello y después de acomodó. – Malvado. Ya me callo. – Rió. Dejó que su mano vagase libre por la espalda del otro de forma circular, notando sus ojos cada vez más pesados. – Hasta mañana. – Susurró.

– Hasta mañana. – El rubio sonrió, oculta su cara contra el hombro de su pareja. De tal forma que no podía ver el gesto pícaro que aparecía en su rostro. – Te quiero.

– Yo también. – Jack sonrió con pereza, cerrando los ojos al fin. Por fin sentía que por una vez había hecho lo correcto. Y no se arrepentía.

– FIN –

Un pensamiento en “Liar ~Oneshot~ NR-18

  1. Hola, de alguna manera, logré llegar hasta su Blog. Bueno, venía porque realmente me ha gustado la historia, tanto de Midnight, como Liar, ambas parejas me resultaron encantadoras, y verdaderamente, quedé muy emocionada cuando mencionaron una posible continuación. Quería saber si la realizaran o dejaran las historias como quedaron. Hace años, mencionaron lo de un Long Fic, pero como no han habido noticias desde entonces, me tomé la molestia de contactarlas por otro medio y preguntarles.
    Les dejo mi correo y WhatsApp, por si leen el mensaje y deciden responder.
    +56963337800
    Javiera.torres.medina@gmail.com
    Besos y abrazos.~

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